lunes, 13 de enero de 2014

OLIVERIO GIRONDO

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.

Oliverio Girondo

jueves, 2 de enero de 2014

FELIZ 2014 PARA TODOS

Gratitud

Gracias aroma
azul,
fogata
encelo.

Gracias pelo
caballo
mandarino.

Gracias pudor
turquesa
embrujo
vela,
llamarada
quietud
azar
delirio.

Gracias a los racimos
a la tarde,
a la sed
al fervor
a las arrugas,
al silencio
a los senos
a la noche,
a la danza
a la lumbre
a la espesura.

Muchas gracias al humo
a los microbios,
al despertar
al cuerno
a la belleza,
a la esponja
a la duda
a la semilla
a los toros
a la siesta.

Gracias por la ebriedad,
por la vagancia,
por el aire
la piel
las alamedas,
por el absurdo de hoy
y de mañana,
desazón
avidez
calma
alegría, nostalgia
desamor
ceniza
llanto.

Gracias a lo que nace,
a lo que muere,
a las uñas
a las alas
las hormigas,
los reflejos
el viento
la rompiente
el olvido
los granos
la locura.

Muchas gracias gusano.
Gracias huevo.
Gracias fango,
sonido.
Gracias piedra.
Muchas gracias por todo.
Muchas gracias.

Oliverio Girondo

miércoles, 27 de noviembre de 2013

PSICOANÁLISIS PARA TODOS


Viví de otra manera, con PSICOANALISIS se puede.

Las distintas enfermedades son formas que adquiere el silencio, lo no-dicho, lo oculto, lo insabido
.Nadie se
cura haciendo lo que se le da la gana.
Hacer lo que a uno se le da la gana, es el mecanismo que usa la enfermedad para instalarse como enfermedad.
Muchas de nuestras acciones se hacen sin nosotros, y esto que parecería ser una locura es justamente lo que nos acerca a ella.
El hombre se levanta y siente que su vida ha quedado atrás, en un posible olvido. Sin embargo no sabe, no conoce, no imaginar poder saber de si, quien es, que quiere y para eso deberá construir un diálogo con Otro, del cual se hará cargo el analista. Sin ocupar su lugar, dejará que el viaje se construya entre ambos, un diálogo donde la propuesta es hablar de lo que aún no se.
Muchas fueron las veces donde me pregunté si era posible la vida en el mundo y muchas otras le sospeché una vida paralela.
El encuentro con la verdad sigue sin poder nombrarse.
El inconsciente es producción deseante que fluye sin límites, en ella la muerte, es metáfora de un verdadero cambio de piel.
No es necesario llegar a la cúspide de ninguna montaña para quien ha podido con su intención, ir tomando confianza en las posibles e inevitables transformaciones.
Consultar a un analista implica una decisión, quiero saber quien soy.
El inconsciente está siendo sumergido en la palabra, funciona en mi sin yo saberlo, sin que sepa nada de él, pero es un saber que sin saber poseo, y este, es el nuevo campo ideológico que abre el Psicoanálisis, el de “un Saber, no-sabido por el sujeto”
El saber es lo que se articula, está ubicado del lado del que acepta y solo se abre al saber quien se atreve a conocer su ignorancia.
La causa busca abrir caminos.
La práctica psicoanalítica reivindica el lugar de una reflexión sobre la situación del hombre en el mundo.
Es porque algo ha sido atado a la palabra, que el discurso puede en el análisis desatarlo. Un análisis procurará a un sujeto, el pasaje de una realidad psíquica a una realidad verdadera.


Lic. Lucía Serrano - Psicoanalista
TE. : 4-749-6127 – 15-5940-2292

miércoles, 20 de noviembre de 2013

EL PRESENTIMIENTO DE LA LOCURA - E.M. CIORAN


Nunca comprenderán los seres humanos por qué algunos de ellos son

condenados a la locura, por qué existe esa fatalidad inexorable que es la
entrada en el caos, en el cual la lucidez no puede durar más que el
relámpago. Las páginas más inspiradas, aquellas de las que emana un lirismo
absoluto, esas páginas en las que se siente uno abandonado a una exaltación,
a una ebriedad total del ser, sólo pueden escribirse en un estado de tensión
tal que todo regreso al equilibrio resulta tras él ilusorio. De ese estado no se
puede salir indemne: el resorte intimo del ser se ha roto, las barreras
interiores desmoronado. El presentimiento de la locura se produce
únicamente tras experiencias capitales. Creemos entonces haber alcanzado
alturas vertiginosas, en las cuales vacilamos, perdemos el equilibrio y la
percepción normal de lo concreto y lo inmediato. Un gran peso parece
aplastar el cerebro como para reducirlo a una simple ilusión, y sin embargo
es ésa una de las pocas sensaciones que nos revelan, justamente, la horrible
realidad orgánica de la que nuestras experiencias proceden. Bajo esa
presión, que intenta golpearnos contra la tierra y hacernos estallar, surge el
miedo, un miedo cuyos componentes son difíciles de definir. No se trata del
miedo a la muerte, que se apodera del ser humano para dominarlo hasta
asfixiarlo; no es un miedo que se insinúa en el ritmo de nuestro ser para
paralizar el proceso de la vida que se lleva a cabo en nosotros —es un
miedo que atraviesan relámpagos poco frecuentes pero intensos, como un
trastorno soportado que elimina para siempre toda posibilidad de equilibrio
futuro. Es imposible delimitar este extraño presentimiento de la locura. Su
aspecto aterrador proviene de que percibimos en él una disipación total, una
pérdida irremediable para nuestra vida. Sin dejar de respirar y alimentarme,
yo he perdido todo lo que nunca pude añadir a mis funciones biológicas.
Pero ésa no es más que una muerte aproximativa. La locura nos hace perder
nuestra especificidad, todo lo que nos individualiza en el universo, nuestra
perspectiva propia, el cariz particular de nuestro espíritu. La muerte
también nos hace perderlo todo, con la diferencia de que la pérdida es en
ella el resultado de una proyección en la nada. De ahí que, aunque
persistente y esencial, el miedo a la muerte sea menos extraño que el miedo
a la locura, en la cual nuestra semipresencia es un factor de inquietud
mucho más complejo que el terror orgánico a la ausencia total
experimentado ante la nada. ¿No sería acaso la locura una manera de evitar
las miserias de la vida? Esta pregunta sólo se justifica teóricamente, dado
que, en la práctica, quien es víctima de ciertas ansiedades considera el
problema de modo diferente presentimiento de la locura va acompañado del
miedo a la lucidez durante la locura, el miedo a los momentos de regreso a
sí mismo, en los que la intuición del desastre podría engendrar una locura
aún mayor. De ahí que no exista salvación a través de la locura. Deseamos
el caos, pero tememos sus revelaciones.
Toda forma de locura es tributaria del temperamento y de la condición
orgánicos. Como la mayoría de los locos se reclutan entre los depresivos, la
depresión es fatalmente más abundante que la exaltación alegre y
desbordante. La melancolía profunda es tan frecuente en ellos que casi
todos padecen tendencias suicidas. ¡Qué difícil solución es el suicidio
cuando no se está loco!
Me gustaría perder el juicio con una sola condición: tener la certeza de
ser un loco jovial, sin problemas ni obsesiones, jocoso durante todo el día.
A pesar de mi deseo vehemente de éxtasis luminosos, si estuviese loco no
los desearía, dado que tras ellos siempre se producen depresiones. Por el
contrario, me gustaría que un manantial de luz brotase de mí para
transfigurar el universo -un manantial que, lejos de la tensión del éxtasis,
conservara la calma de una eternidad luminosa, que tuviera la ligereza de la
gracia y el calor de una sonrisa. Quisiera que el mundo entero flotasen ese
sueño de claridad, en ese encantamiento transparente e inmaterial. Que no
hubiese ya obstáculos ni materia, forma o confines. Y en ese paraíso, yo
muriese de luz.


jueves, 14 de noviembre de 2013

Psicoanálisis y Poesía

Porque la poesía es la que legisla ese saber y ese no saber. Y es en la poesía donde el deseo y la locura plasman su ser. Se sabe de antaño que la poesía (mucho antes que las matemáticas dieran un nuevo rumbo a la humanidad) hablaba de una voz más acá de dios y, sin embargo, humana. A partir de ese momento, a la razón de las ciencias se le oponía lo que había sido su propia posibilidad de ser, la poesía. Y la poesía como sinrazón, como estallido sangrante en medio de cualquier vida, de cualquier historia. Aun, como sinrazón, cuando los más ambiciosos tratando hacerla más aceptable la transformaban en filosofía. Quiero decir que mucho antes que la locura hablara por sí misma, la poesía habló por ella.
Miguel Oscar Menassa - 1979

miércoles, 9 de octubre de 2013


                                        HOMOSEXUALIDAD Y CULPA

En el desarrollo humano, el paso por la definición sexual está marcado por las denominadas relaciones de objeto, considerando como tal al complejo afectivo del niño con las figuras parentales.
Al inicio, el primer lazo afectivo es con la figura materna, lazo que generará una deuda de carácter simbólico imposible de pagar debido a una demanda del niño que siempre era satisfecha por la figura materna.
Todo individuo está tocado por esa primera relación, marca definitiva que origina la entrada en el llamado complejo de Edipo, donde la figura del padre y de la madre origina una corriente de identificaciones en el niño que según la resolución de las mismas, las elecciones de objeto sexual serán hombres o mujeres.
En el proceso de elección de objeto sexual el sujeto debe pasar por la angustia de separación de la figura materna, si no, no habrá paso al mundo de lo humano.
La sexualidad está tocada por la palabra y también es sinónimo de especie en el hombre como reproducción. Hombre y mujer conciben el mundo en la fusión de un todo como gesto de amor hacia lo mortal humano y que garantiza la perpetuación de la especie.
Salvo para la reproducción, los órganos genitales en el resto de las especies, no son de otra utilidad; sin embargo, los sujetos del lenguaje, han hecho de los mismos no sólo objetos de uso para la reproducción, sino que han adquirido la significación de órganos destinados a un goce que está tocado por la palabra en tanto que al hablar se demanda, el sujeto queda atrapado en el campo de su propio deseo.
Sin embargo, el goce de lo sexual es causa de mal-estar en la cultura, goce donde todo aquello no destinado a la reproducción llega a producir en los sujetos un malestar en base a querer gozar demasiado.
La represión de la libido garantiza su no realización pero no evita la producción de desplazamientos libidinales por caminos no habituales que pueden desembocar en la aparición de síntomas físicos y psíquicos.
Si de algo se trata, aun en la represión de los deseos, de un modo u otro siempre hay garantía de la expresión de los mismos, en un tiempo que si bien es atemporal, dicha carga libidinal esperará ante la mínima eventualidad o fisura del aparato de la represión para allí mostrarse el deseo sexual reprimido como síntoma, como acto fallido, como lapsus o como sueño.
Es así que de todo puede escapar el sujeto menos de sí mismo y de sus pulsiones.
Cuando hablamos de culpa en la homosexualidad, hablamos de culpa inconsciente. El sujeto no sabe de esa culpa pero algo siente en forma de angustia y la producción de la misma es siempre por haber un goce de más, porque si de algo se siente culpable el homosexual es de atentar contra la especie.
El homosexual, ha renunciado a la especie, a la reproducción y por tanto a las diferencias sexuales, es decir, sólo tolera la genitalidad de alguien de su mismo sexo. Las diferencias le ocasionan angustia y sólo puede cuando está frente a uno como él mismo, imagen especular de su propia imagen.
Cuando se acusa al homosexual de ir en contra de natura, quiere decir que desde el punto de vista de la especie, sí que es ir en contra de natura, porque en la elección de objeto homosexual, hay un decir que no hacia la especie, hacia la supervivencia de la misma.
Y si en algo es mal vista la homosexualidad no es porque dos hombres o dos mujeres se besen o hagan el amor, sino porque en ese gesto, se atenta contra la procreación y es algo que la propia especie nunca va a permitir, pues supondría el final de la misma por lo tanto la culpa se genera por esos deseos inconscientes de anular las diferencias.
El homosexual no nace, se hace en el proceso de identificación con la figura materna y los diferentes tipos de homosexualidad quedan establecidos por los modos de renuncia al objeto primordial materno.
Este objeto primero e inicial de deseo, tanto en hombres como en mujeres, al cual hay que renunciar para entrar en la circulación de lo humano, ese objeto, primordial por lo que constituye para el niño, es la madre, objeto de deseo como marca incondicional y estructural hasta el final de la vida. Deseamos siempre para volver a encontrar la situación inicial mítica con aquella madre que un día  nos dio todo sin pedirnos a cambio nada y es en ese gesto de amor donde se originó la deuda simbólica y a la vez la interdicción o prohibición hacia la misma, pues había que renunciar a su amor para poder amar, para poder entrar en la cadena de amor con los semejantes.
Por lo tanto, se aconseja psicoanálisis para poder resolver el conflicto que el homosexual tiene con sus deseos y la culpa que le producen los mismos.

                                              Lic. Lucía Serrano TE. 4-749-6127 -Tigre

domingo, 29 de septiembre de 2013

POESÍA Y PSICOANÁLISIS (1971-1991)
20 años de la historia del Grupo Cero
1988 - MADRID
PROPUESTA DIDÁCTICA
Lo digo de esta manera en el intento de diferenciar lo grupal, de lo institucional. Es decir esto que escribo es una carta dirigida al Grupo Cero, de las circunstancias que me llevaron y me mantienen en la dirección de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.
Lo primero que se me ocurre decir es, que dirigir una institución es función para alguien que tenga algo en la cabeza, como mínimo cuáles son los objetivos de la institución que dirige, y yo, debo decirlo, no tengo nada en la cabeza, a no ser en las semanas más terribles los números de la loto, o las cantidades de dinero que me faltan o que tengo para vivir. El resto, teorías, ideologías, formas y rumbos de una dirección, todo eso, está, para mí, en los libros y es muy malo cuando estas cosas pasan de los libros a la cabeza de la gente.
Es decir, que estoy a punto de confesar haber cometido, por lo menos en apariencia, un error: haber coordinado una institución como si fuera un grupo, en lugar de dirigirla. Sin embargo, los efectos bajo esa forma de dirección no son desechables. Sino más bien, en su mayoría rectificables y con capacidad de transformación. Quiero explicarme: un día, para que todo fuera posible, tuve que cambiar de manera de vestir, luego tuve que cambiar de manera de follar, luego tuve que cambiar mis maneras de usar el dinero, pero ahora, para que todo siga siendo posible, tengo que cambiar de manera de ser. Es decir dejar de lado, por ahora, esas tonterías del ser, y ponerme a trabajar como una bestia en el intento de formar a esas treinta bestias que me rodean, por ser director de una escuela de psicoanálisis. Formar en psicoanálisis es transmitir y transmitir en psicoanálisis sólo es posible en el marco de la transferencia analítica.
No es, entonces, sencillamente que me enfrento a 30 alumnos que vienen para conocer mis conocimientos. Estas treinta pasiones están ahí, donde están, por muy otra cosa. Son treinta combatientes que antes de serlo para alguna causa, lo serán en la tarea única a la cual los invito para transmitirles, eliminarme.
Vienen por un saber que desconozco y harán brotar de mí, lo que no poseo. Mi vida, de aceptar el contrato, también dependería de ellos. Tarea ardua la del guía que desconociendo el camino, sólo confía, dejándose llevar por el conjunto de esas pasiones, absolutamente incapaces de distinguir un desierto de un poblado. Sé que todo el trayecto estará plagado de descubrimientos y fiestas. Cada desierto, cualquier desierto, será un descubrimiento, todo poblado, cualquier poblado, será una fiesta. Algo se alcanzará y algo se perderá en el próximo paso.
Y el que quiera quedarse con el paso anterior, contenerlo, aunque superado, no solo será hegeliano, sino que terminará sucumbiendo víctima de su propia pereza.
Veinte años posicionado ahí, deseando eso y lo conseguirás, a mí me lo dijeron cuando mostré mis primeros cuadros y ahí, ya estoy en la mitad del recorrido y ahora yo les transmito a ustedes el mismo decir, haciéndolo psicoanalítico.
Después todavía faltará afinar el estilo, preparar, aún, un buen decir para la muerte.

Dibujo original de Miguel Oscar Menassa (D2969)

Dibujo original de Miguel Oscar Menassa (D2965)
La escritura no es un lujo o algo obligatorio, es condición de posibilidad. Pero no es necesario que escriban todos, ni que se sientan obligados a ello. Alguien escribirá y esa será nuestra escritura. Y escritura no sólo es álgebra sino fundamentalmente poesía.
Ejemplo didáctico:
Cuando se abran los vientres, yo no tomaré nada.
Entre los despedazados cuerpos confusos y alertas,
entre la poca realidad, lo negro, la débil vida,
amante del cuerpo de la letra, diré mis palabras.
Vengo de aquí, soy de aquí mismo, roca de soledad:
Nací en vuestra mirada, nací en vuestra impudicia.
Nací como una fuente enloquecida, aguas del deseo,
para dejar palabras, voz de la poesía, en libertad.
Tengo, por haber atravesado los confines del hombre,
por haberme deslizado en la mirada de la muerte,
algo del universo, una partícula de infinito en mi voz.
Vengo de aquí, soy de tus propias entrañas, el eco,
alucinado y luminoso de tu propio silencio oscuro,
el eco donde el tiempo, arrasa la memoria.
Conclusión posible: Lo que ustedes me demandan es harto complejo. La poesía califica vuestra demanda de imposible, por alucinada y silenciosa. Pero es precisamente ahí, donde más honda es vuestra preocupación, ahí, precisamente, donde nada de lo que os proponíais es posible, ahí, os digo, precisamente, habéis dado vuestro primer paso en el campo predilecto del psicoanálisis: lo imposible, lo nunca sido que hace sus efectos, lo que habrá sido, es hoy.
Felicito, entonces, a aquellos de ustedes, que deseen encontrarse conmigo en lo que yo denomino mi lugar de trabajo. Todos los días subiremos al cuadrilátero donde el sujeto cuadra su ser desaparecido por haber entrado segundo en las dos únicas competencias en las cuales se le dejará participar como sujeto. Barrido primero y eclipsado después, es segundo de su imagen (aún suya) y segundo de la palabra (ya del Otro).
No subiremos al cuadrilátero para combatir, ni daremos vueltas empecinadamente entre los redondeles, anudándolos en diferentes posiciones para vencernos, pero, la verdad es que combatiremos y venceremos. Y eso será un largo recorrido, cuando ya no haya por qué combatir, ni a quién vencer, comenzará el psicoanálisis. La pulsión de muerte generalmente muda, la mayoría de las veces sorda y ciega, se manifiesta a los gritos y bajo las formas más increíbles de aparición, en todo proceso de transmisión del psicoanálisis.
Así que, en principio, el candidato tendrá que combatir y será siempre vencido. Su aprendizaje que, ahora, el mismo candidato puede utilizar para autorizarse a la segunda etapa, tiene que haber sido, aprender a caer. O para decirlo dentro de los modernos decires, ha coagulado en el candidato el instante de ver.
A partir de ahora, quiero deciros, todo depende de vuestra vacilación, porque yo mismo, vuestro Otro, trabajando todo el tiempo en sostener como semblante, lo que vosotros me habéis atribuido, no vacilaré. Supuesto al saber, al principio, tendré cara de eso.
Luego un día habrá una interpretación, que nadie sabe cómo, ni qué fue precisamente, pero hubo, que lo transforma todo.
Dejan las palabras su locura por todo, para dedicarse a muy pocos fantasmas, deja de fluir la cinta sin fin del significante, para puntuar en esa detención, el nombre y apellido, del sujeto, que aún estando en ella representado, la persigue, porque quiere ser él mismo su representante.
Después pasa el tiempo, se comprende, se habla, es decir se capacita al candidato para el acto. Para que comiencen en él todos los comienzos. Para que el sujeto en ese acto, deje de ser candidato a psicoanalista y se transforme en candidato a la muerte. Eso es concluir.