martes, 29 de marzo de 2016

Allen Ginsberg | Por favor amo



Allen Ginsberg | Por favor amo
[traducción: Griselda García]


Por favor amo puedo tocar su mejilla
por favor amo puedo arrodillarme a sus pies
por favor amo puedo aflojar sus calzoncillos azules
por favor amo puedo contemplar su vientre de vello dorado
por favor amo puedo observar sus muslos desnudos
por favor amo puedo sacarme la ropa bajo su silla
por favor amo puedo besar sus tobillos y su alma
por favor amo puedo poner mis labios en su musculoso muslo sin vello
por favor amo puedo dejar mi oreja apretada sobre su estómago
por favor amo puedo envolver con mis brazos su culo blanco
por favor amo puedo lamer su entrepierna rizada de suave pelaje rubio
por favor amo puedo tocar con mi lengua su culo rosado
por favor amo puedo pasar mi cara por sus huevos
por favor amo ordéneme que me tire al piso
por favor amo dígame que lama su verga gruesa
por favor amo ponga sus manos ásperas en mi cráneo calvo y peludo
por favor amo apriete mi boca contra el corazón de su pija
por favor amo apriete mi boca contra su vientre, lléveme lentamente con fuerza
hasta que su dureza muda llene mi garganta hasta el fondo
hasta que trague & saboree la delicada carne caliente del cañón de su pija venosa Por favor
Amo aparte mis hombros y míreme a los ojos & hágame inclinar sobre la mesa
por favor amo agarre mis muslos y levante mi culo hasta su cintura
por favor amo la caricia áspera de su mano en mi cuello su palma en mi trasero
por favor amo levánteme, mi pie sobre sillas, hasta que mi agujero sienta el aliento de su escupida y la caricia de su pulgar
por favor amo hágame decir Por favor Amo Cójame ahora Por favor
Amo engrase mis bolas y mi boca peluda con dulces vaselinas
por favor amo acaricie su verga con cremas blancas
por favor amo toque con la cabeza de su pija mi propio agujero arrugado
por favor amo empújelo suavemente, sus codos enlazados en mi pecho
sus brazos bajando por mi vientre, mi pene que toca con sus dedos
por favor amo métamela un poquito, un poquito, un poquito
por favor amo hunda su cosa enorme en mi trasero
& por favor amo hágame mover el culo para que coma el tronco de su pija
hasta que mis nalgas abracen sus muslos, mi espalda arqueada,
hasta que quede solo aguantándome, su espada clavada latiendo en mí
por favor amo sáquela y métala lentamente hasta el fondo
por favor amo arremeta de nuevo y retire la punta
por favor por favor amo cójame otra vez con su ser, por favor cójame amo Por favor
Amo empuje hasta que me duela la suavidad la
Suavidad por favor amo, hágale el amor a mi culo, dé cuerpo al centro, & cójame
para siempre como a una chica,
agárreme con ternura por favor amo me llevo hacia usted,
y meta en mi vientre el mismo dulce crucifijo caliente
que manoseó en soledad en Denver o Brooklyn o clavó en alguna virgen en estacionamientos de París
por favor amo lléveme en su vehículo, cuerpo de gotas de amor, sudor de polvo
cuerpo de ternura, cójame a lo perro más rápido
por favor amo hágame gemir sobre la mesa
gemir Oh por favor amo cójame así
a su ritmo de excitada zambullida & retirada rebote y presión
hasta que afloje mi culo como un perro sobre la mesa aullando con terror y deleite de ser amado
por favor amo llámeme perro, bestia anal, culo mojado,
& cójame con más violencia, mis ojos ocultos tras sus palmas alrededor de mi cráneo
& húndase en un duro azote brutal por el suave goteo de pez
& palpite cinco segundos hasta chorrear el calor de su semen
una & otra vez, dejándomelo adentro mientras grito su nombre lo amo
por favor Amo.

viernes, 26 de febrero de 2016


“Análisis Terminable e Interminable”:

                                                          “Oscilo entre lo que yo soy y lo
                                                           que habré de ser” – M.O.MENASSA  

                               “Publicaré para tomar notas del fin de mi desierto”
                          LACAN “Poubellicatión” (basurero, olvido, publicación)

Freud en “Análisis Terminable e Interminable” abre paso a una comprensión contemporánea del análisis como un proceso de construcción narrativa que no tiene fin. Este trabajo de Freud de 1937 configura un legado testamentario que implica al menos tres conceptos cruciales para la conducción de la cura psicoanalítica, a saber:
a)   El abandono de toda ominipotencia terapéutica, en aras del reconocimiento de que en el análisis se trata de agotar todas las instancias de la impotencia (síntomas, inhibiciones, trastornos caracterológicos, etc.) para llevar al sujeto al límite mismo de toda imposibilidad, esto es, a una normalidad que supone el reconocimiento de la división subjetiva. Analizar  implica dice Lacan “producir lo incurable” en términos de aceptar la castración, dado que la normalidad consiste en asumir a ésta sin síntomas, pudiéndose en este caso suturar sin obturar la escisión del yo o en el proceso defensivo con exclusivas producciones sublimatorias.
b)   Esta operación de aceptación del límite mismo se produce de modo diferencial en función de la operación masculinidad-feminidad. Así el hombre se resiste en forma desafiante o resignada a aceptar la dependencia y la pasividad masoquista frente al padre, lo que supone una posición resistencial inevitable, la que suele derivar en reductos paranoides post-transferenciales, en ingratitud, en abandonos prematuros de la cura, o en síntomas residuales que pueden carecer o no de toda significación clínica. Pero sea como sea, el destino de un análisis, lo que queda claro es que la fuente última de toda resistencia transferencial en el hombre adquiere el modo del rechazo y la atracción ambivalente a la sumisión masoquista frente al Padre y la religión en el amor al Padre Eterno.
c)   La apuesta freudiana es fuerte: se trata de ir más allá del amor al Padre, fundando una ética de la responsabilidad ajena al registro de la culpa. Se trata como dice Lacan, de prescindir de él, sacrificando pues la tentación de toda ofrenda sacrificial masoquista a Él.
                         


viernes, 5 de febrero de 2016

CESARE PAVESE - ITALIA 1908


VENDRÁ LA MUERTE


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos -
esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo pesar
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh esperanza,
ese día también nosotros sabremos
que eres la vida y eres la nada.

Para todos la muerte tiene una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como ver aparecer en el espejo
un rostro muerto,
como escuchar un labio cerrado.
Descenderemos al abismo mudo.


Traducción: José Palacios

martes, 19 de enero de 2016

                                     ADIÓS CULTURA MI SEÑORA

Cuando pequeño escuchaba hablar a los mayores:
Ella, un día, abriría sus puertas,
para que yo entrara, por fin, a la vida.
Joven príncipe entrando al palacio que le corresponde.
Yo crecía
y mis amigos crecían
y todo era esperanza.
Estábamos aniquilados por una ilusión:
Ella un día abriría sus piernas, sus puertas, sus ventanas
y nosotros entraríamos en ELLA como ELLA en nosotros
y, en ese instante, el reino de los cielos en la tierra,
sería la cultura.
Con el tiempo, esperando y haciendo nuestras cosas,
-esperando de día, haciendo nuestras cosas por la noche-
fuimos transformando todas las ilusiones en banderas.
Salimos a la calle para gritar:
¡la cultura es nuestra!
¡la poesía al pueblo!
¡la mujer a la poesía!
Gritábamos de todo, después,
percibimos los aullidos de Hiroshima,
empobreciendo cualquier dolor.
Dejamos de gritar.
Con los dientes apretados,
con una palpitación interior, increíble,
como si la vida fuera eso, apretar los dientes.
En la quietud de ese silencio pasaron años.
Éramos empecinados, amábamos con fervor las ilusiones
y esa pasión entre los hielos,
fuego brutal que aún me sobrevive
y canta en el propio centro del silencio mortal,
-que me sobrecoge para matarme-
una canción,
última entre tus brazos.
Adiós,
viejo deleite cuando niño
y pensaba llegar a las estrellas.
Mi señora, guardaré en mi corazón las huellas
de haber hecho el amor con usted y algún día,
no me lo perdonarán y, sin embargo, me confieso:
Yo fui feliz entre sus carnes de violetas
Cuántas veces un soneto hizo estallar mi corazón de porvenir.
Cuántas veces la armonía, la perfecta armonía, vuestro Dios,
hizo que de mis ojos cayera una lágrima.
Y acunando a mis hijos,
supe recitar, acompasadamente,
de los grandes poetas, los mejores versos.
Y viajé por las sílabas buscando la longitud exacta de la noche.
Y calculé el destino de una vocal durante años.
Y me até a las palabras.
Y viví maniatado entre las hojas de los libros.
De seguir por ese camino me tocaba la gloria,
más, una tarde, inexplicablemente, comencé a crecer.
Las palabras no cabían en las frases.
Las frases se caían de la página. 
Mis sentimientos agrandaban el corazón del mundo peligrosamente.
Y al caminar,
tropezaba con las palabras
y caía.
Una
y otra vez.
Y las palabras se metían por mis ojos abiertos
y me dejaban ciego, y ahí,
precisamente, vacío de negruras,
transparencia donde la blancura hace pensar en el infierno,
la Poesía me tendió su mano y en esa algarabía,
-borrachos de habernos encontrado-
rompimos,
trastabillando juntos, todas las barreras.
Ella deformó su ser en el encuentro
y yo,
entregué mi vida en el adiós.

Miguel Oscar Menassa
De “La patria del poeta”




martes, 29 de diciembre de 2015

INVITACIÓN AL FESTEJO DE LOS VEINTE AÑOS DE "BLUES PARA LA CORONA"

OCTAVIO PAZ (México, 1914 - 1998)

TRABAJOS DEL POETA

IX


Lo más fácil es quebrar una palabra en dos. A veces los fragmentos siguen viviendo, con vida frenética, feroz, monosilábica. Es delicioso echar ese puñado de recién nacidos al circo: saltan, danzan, botan y rebotan, gritan incansablemente, levantando sus coloridos estandartes. Pero cuando salen los leones hay un gran silencio, interrumpido sólo por las incansables, majestuosas mandíbulas… Los injertos ofrecen ciertas dificultades. Resultan casi siempre monstruos débiles: dos cabezas rivales que se mordisquean y extraen toda la sangre aun medio-cuerpo; águilas con picos de paloma que se destrozan cada vez que atacan; palomas con picos de águila, que desgarran cada vez que besan; mariposas paralíticas. El incesto es ley común. Nada les gusta tanto como las reuniones en el seno de una misma familia. Pero es una superstición sin fundamento atribuir a esta circunstancia la pobreza de los resultados. Llevado por el entusiasmo de los experimentos abro en canal a una, saco los ojos a otra, corto piernas, agrego brazos, picos, cuernos. Colecciono manadas, que someto aun régimen de colegio, de cuartel, de cuadra, de . convento. Adulo instintos, corto y recorto tendencias y alas. Hago picudo lo redondo, espinoso lo blando, reblandezco huesos, osifico vísceras. Pongo diques a las inclinaciones naturales. y así creo seres graciosos y de poca vida. A la palabra torre le abro un agujero rojo en la frente. A la palabra odio la alimento con basuras durante años, hasta que estalla en una hermosa explosión purulenta, que infecta por un siglo el lenguaje. Mato de hambre al amor, para que devore lo que encuentre. A la hermosura le sale una joroba en la u. Y la palabra talón, al fin en libertad, aplasta cabezas con una alegría regular, mecánica. Lleno de arena la boca de las exclamaciones. Suelto a las remilgadas en la cueva donde gruñen los pedos. En suma, en mi sótano se corta, se despedaza, se degüella, se pega, se cose y recose. Hay tantas combinaciones como gustos. Pero esos juegos acaban por cansar. Y entonces no queda sino el Gran Recurso: de una manotada. aplastas seis o siete —o diez o mil millones— y con esa masa blanda haces una bola que dejas a la intemperie hasta que se endurezca y brille como una partícula de astro. Una vez que esté bien fría, arrójala con fuerza contra esos ojos fijos que te contemplan desde que naciste. Si tienes tino, fuerza y suerte, quizá destroces algo, quizá le rompas la cara al mundo, quizá tu proyectil estalle contra el muro y le arranque unas breves chispas que iluminen un instante el silencio.




viernes, 11 de diciembre de 2015

PARA CONTRIBUIR
A LA CONFUSIÓN GENERAL
Una visión del arte, la poesía y el mundo contemporáneo

PREÁMBULO
Cuando alguien intenta aproximarse al campo de las ideas vigentes con espíritu esclarecedor, debe plantearse el problema de si su aporte no contribuirá en última instancia a hacer todavía más densa la confusión, como aquel que en desesperado esfuerzo por apagar el fuego, quisiera hacerlo soplando. Es tan impresionante el amontonamiento de las ideas más contradictorias no sólo en mentes distintas sino en una misma mente, que cuando se trata de tomar distancia para ser testigo de esa barahúnda con cierta objetividad surge la pregunta de si el destino del hombre no será crear una infernal telaraña para aprisionarse a sí mismo y propender a la propia destrucción, mediante la organización del desorden.
Pero hablar de contribuir a la confusión general equivalente justamente a propiciar el desorden, dirán algunos. De todos modos, no se trata de un desorden contra el orden, sino más bien de un nuevo desorden contra un viejo desorden.
El desorden, al envejecer, se fija, se fosiliza y adquiere así la apariencia del orden, pero sólo porque está inmóvil, porque está muerto. Un desorden muerto se corrompe, hiede, contamina la vida con su podredumbre. Entonces es necesario crear un desorden totalmente nuevo que lo sustituya. Pero no cualquier desorden, sino uno que consuma lo viejo y purifique la vida: un desorden creador, por el cual circule la sangre siempre renovada de lo vital.
Aunque pretende marchar en alguna dirección, en el fondo el hombre no sabe hacia dónde va. Pero lo mismo marcha, y durante esa marcha se propone seriamente infinidad de objetivos, lo reglamenta todo, lo “ordena” todo, y mediante ese “orden” obtiene las combinaciones más absurdas, los resultados más insólitos, que de todos modos lo distraen de la proximidad del vacío.
Hace unos años hablaban de un “orden nuevo” los apóstoles de ciertos sistemas políticos. Ellos querían hacer pasar por nuevo el mismo vetusto desorden embalsamado y pintarrajeado. Y pretendían fijarlo para toda la eternidad. Quisieron emplear medios de convicción eficaces y lo hicieron a sangre y fuego, con lo que lograron eficazmente destruirse a sí mismos y a su viejo desorden momificado. Pero continuamente reaparecen señores que hablan de la necesidad de un nuevo orden. A ellos hay que decirles que no estamos por el orden sino por el desorden y que es inherente al hombre propender inevitablemente a un desorden siempre renovado. La vida no responde a leyes fijas; lo único realmente fijo es la inevitable transformación del hombre paralela a la inevitable transformación del mundo, y ningún pretendido orden puede detenerlas. Pero también es fija la inmensa estupidez humana. Esta estupidez es la verdadera enfermedad del medio social en que vivimos y a ella hay que atribuir la mayor parte de los males de este mundo. No debe confundirse con la inocencia, de la que dependen las más puras cualidades creadoras. La estupidez es tortuosa, maligna y enemiga despiadada de los valores humanos más altos. Buena parte de la intención de estos textos es denunciarla.


Desnudo al atardecer de Miguel Oscar Menassa.
Óleo sobre lienzo de 46x38 cm.
Aquel que trate de iluminar el panorama del mundo no hará más que poner en evidencia esa gran confusión en que vive el hombre de hoy. Pero entonces, ¿qué hacer? Sólo nos resta plantarnos frente a las ideas, a las pretendidas ideas, removerlas y actuar apasionadamente sobre ellas. Así, las ideas se agitarán en la liza como toros enfurecidos, y cuando, sembrados de banderillas, ofrezcan su cerviz a la estocada precisa, todo habrá concluido. En esa lucha dialéctica, las ideas más poderosas demuestran su debilidad y los esquemas caen postrados; esos esquemas a los que son tan afectos los hombres porque, aunque falsos, les dan la sensación de seguridad que su desamparo exige.
Al fin y al cabo los textos que siguen no constituyen más que una exposición de ciertas ideas de nuestra época que flotan en el aire, que a veces son expresadas tímidamente, apenas susurradas, pero que, cuando alguien las expone en toda su crudeza, resultan enormemente familiares, terriblemente convincentes, aunque la mayoría prefiera olvidarlas inmediatamente después. Quizá sólo tienen por objeto despertar algunas conciencias, no para llevarlas por nuevos derroteros, sino para que reflexionen libremente sobre su humana condición. Entonces les aparecerá el verdadero sentido de palabras como libertad, amor, arte o poesía; palabras tan manoseadas y desfiguradas por el mal uso que se han vuelto irreconocibles; quizás entonces comprendan que libertad significa simplemente un modo de realizarse con plenitud, que amor significa el más alto grado a que puede llegar la comunicación entre dos seres, y que las palabras arte y poesía no designan cosas inexplicables, sino una forma de comunión con el mundo y un modo de proyección del ser hacia los otros.
El tono persuasivo usado por el autor en algunos trabajos y el apersuasivo usado en otros se complementan, y constituyen la verdadera manera de provocar una comprensión viva, de arrancar al interlocutor de su cómoda poltrona de indiferencia.
Ese despertar de algunas conciencias es el resultado por demás satisfactorio a que aspiran los textos que se leerán. No es necesario que nadie se convenza de nada; basta con despertar y mirar a su alrededor con ojos libres. Es el único modo de comprobar que el mundo en que vivimos es siempre nuevo y la sordidez es solo una ilusión.
Aldo Pellegrini