PSICOANALISIS PARA TODOS
LIC. LUCIA SERRANO
Psicóloga - Psicoanalista
Atención clínica de adultos,
niños y adolescentes.
Consultorio privado en Tigre,
pcia.de Bs.As. y en Cap.Fed.
Solicitar entrevista al:
4-749-6127 - 15-5040-2292
lunes, 16 de julio de 2012
jueves, 5 de mayo de 2011
LEYENDO A MIGUEL OSCAR MENASSA
Freud dice que no se puede soportar la dependencia que cada ser humano tiene con otro ser humano, por haber nacido de padre y madre humanos y haber nacido precoz para vivir. Esto es fundamental para entender al ser humano; si se le deja solo muere automáticamente; su respiración no puede regularse hasta el sexto mes, su visión no aparece hasta el día veintiuno, no camina hasta el año, gatea luego de los seis meses, no puede regular la temperatura porque los centros hipotalámicos todavía no funcionan apropiadamente. En esa inmadurez, que lo llevaría directamente a la muerte, aparece otro humano y dice: "a éste no lo voy a dejar morir". Lo acuna por la noche para que respire, le pone una manta para que no muera de frío, y le da de comer porque el niño no puede buscarse los alimentos.
Esa persona que decide que esa otra persona no muera es alguien que ya debe ese favor a alguien. Si no hubiese nacido de padre y madre humanos no hubiera podido decidir que ese sujeto nuevo siga con vida.
Esto es lo que algunos autores llaman la deuda simbólica.
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Esa persona que decide que esa otra persona no muera es alguien que ya debe ese favor a alguien. Si no hubiese nacido de padre y madre humanos no hubiera podido decidir que ese sujeto nuevo siga con vida.
Esto es lo que algunos autores llaman la deuda simbólica.
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sábado, 5 de febrero de 2011
LEE www.elpsicoanalistajubilado.com, no te lo pierdas!
El Cannabis o cáñamo (Cannabis sativa), en sus distintas variedades, se utiliza desde hace miles de años para la producción de fibra y por sus efectos psicoactivos y terapéuticos. Hay constancia de su uso para el tratamiento del reuma, la gripe y el paludismo en los tratados médicos chinos de 2700 a .C. Fue introducido en Europa en el siglo XIII. Hasta el siglo XXIX el Cannabis fue uno de los preparados usados habitualmente en medicina como anticonvulsivo, analgésico, ansiolítico y antiemético.
Diversos organismos han revisado la eficacia del Cannabis y los cannabinoides, entre los que destacan el Comité Científico de la Cámara de los Lores británica (1997) y el Institute of Medicine norteamericano (1999). La indicación mejor documentada es la profilaxis y el tratamiento del síndrome de anorexia-caquexia en pacientes con sida o ciertos tipos de cáncer Terminal, en el tratamiento del dolor, en el de la espasticidad muscular y otros síntomas de la esclerosis múltiple, en las lesiones medulares, alteraciones del movimiento (discinesias, epilepsia, corea de Huntington, enfermedad de Parkinson y el síndrome de Gilles de la Tourette ), el glaucoma, el prurito por colestasis y como broncodilatador en pacientes con asma.
Y si usted está sano, totalmente sano, la marihuana le prestará la imaginación que usted ha perdido para estar tan sano sin trastornos secundarios.
Si a esta altura del artículo prefiere seguir fumando tabaco su caso sólo se puede resolver con psicoanálisis.
Diversos organismos han revisado la eficacia del Cannabis y los cannabinoides, entre los que destacan el Comité Científico de la Cámara de los Lores británica (1997) y el Institute of Medicine norteamericano (1999). La indicación mejor documentada es la profilaxis y el tratamiento del síndrome de anorexia-caquexia en pacientes con sida o ciertos tipos de cáncer Terminal, en el tratamiento del dolor, en el de la espasticidad muscular y otros síntomas de la esclerosis múltiple, en las lesiones medulares, alteraciones del movimiento (discinesias, epilepsia, corea de Huntington, enfermedad de Parkinson y el síndrome de Gilles de la Tourette ), el glaucoma, el prurito por colestasis y como broncodilatador en pacientes con asma.
Y si usted está sano, totalmente sano, la marihuana le prestará la imaginación que usted ha perdido para estar tan sano sin trastornos secundarios.
Si a esta altura del artículo prefiere seguir fumando tabaco su caso sólo se puede resolver con psicoanálisis.
viernes, 3 de diciembre de 2010
COMO INTERPRETAR LA REALIDAD

"VIVIR SOLO PUEDE SER UNA OPCIÓN DE VIDA, PERO SOLAMENTE SI GOZAMOS DE UNA BUENA SALUD MENTAL"
Cuántas veces habremos oído la frase: "Tengo miedo a estar solo". Somos seres sociales y necesitamos de los demás para constituirnos a nosotros mismos, no sólo para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo personal, sino también para afianzar nuestra autoestima. Este miedo a la soledad parte de nuestra dependencia infantil, nos sumimos en el temor a ser abandonados hasta que constituimos la presencia del otro en su ausencia. Las personas no sólo existen cuando están, también cuando no están. El gran problema de muchas personas es que se sienten solas porque aniquilan al otro en su fantasía. Decir "estoy solo" es como decir nadie existe, y esa negación es la que nos enferma.
Una vez que el ser humano se da cuenta de su finitud, de que su existencia está encaminada a este acontecimiento, nace la preocupación por el ser. Es la muerte la que le va a dar verdadero valor a la vida. Son los límites los que nos permiten vivir de una forma saludable. Cuando entendemos que las relaciones también han de tener sus límites amamos con más libertad, pero no todos somos capaces de aceptarlo. Cuando entiendo que el otro es una posesión soy capaz de encerrarlo con tal de no perderlo, ahí no hay amor. El amor es amor a un objeto, hace del otro un objeto, con lo cual entra en juego el régimen de propiedad, hace individualistas, mientras que el deseo no desea objetos sino que desea deseos, hace sujetos deseantes, sujetos que saben que la soledad no existe: o se vive entre otros o se vive entre fantasmas.
Las sociedades modernas, a pesar de los avances técnicos, fomentan el aislamiento y falta de comunicación. Nos han educado en el consumismo sin límites, pero no nos han enseñado a relacionarnos con otras personas. Nadie nos dijo que comprometerse con otros es lo que genera autoestima y bienestar, que elegir nuestros compromisos es el mayor grado de libertad. Somos caldo de cultivo para el egoísmo y la envidia. Amamos al otro para utilizarlo en la satisfacción de nuestras necesidades, para no estar solos, pero no hemos aprendido a conocer al otro en su verdadera dimensión. Cuando amamos por necesidad es cuando vivimos con miedo a ser abandonados. Podríamos preguntarnos por qué tantas parejas que ya no se aman, aun así, siguen viviendo juntos. Es clara la respuesta, por miedo a la soledad. No saber arreglárselas con la propia soledad se convierte en un problema para vivir, acabas viviendo con cualquiera.
En muchas ocasiones hay un temor previo, el temor a arriesgarse, a dar y no recibir, tememos equivocarnos y por ese motivo no emprendemos nuevos proyectos y relaciones. Pero como dice el poeta Miguel Oscar Menassa, "en las relaciones intersubjetivas, lo único que se arriesga es un poco de seguridad y un poco de dinero; el resto, ganancia, todo humano". Hay que arriesgarse a ganar. Las relaciones sociales no se buscan, se encuentran en el camino del trabajo, de las aficiones, de los compromisos. Cuando alguien que se siente solo me pregunta cómo puede hacer amigos, siempre le digo que los amigos se encuentran indirectamente. No hay edad para las relaciones sociales, seamos jóvenes o mayores todos necesitamos de otras personas para sentirnos vivos y si algo te impide estar con otros, acércate a ellos a través de los libros, la televisión, el teléfono, internet.
También están esas otras personas que lloran por las esquinas porque se sienten solos, ¿no será que no saben amar? Hay que aprender a amarse para luego amar a los otros. El sentimiento de soledad está relacionado con el aislamiento, la noción de no formar parte de algo, la idea de no estar incluido en ningún proyecto y entender que a nadie le importamos lo suficiente como para pertenecer a su mundo.
Se puede interpretar la soledad de dos maneras: estar solo o sentirse solo. Estar solo es un hecho común para todos, no siempre estamos acompañados. Esta experiencia de soledad se puede disfrutar mucho y suele ser muy constructiva. Sentirse solos es diferente, porque uno se puede sentir solo también en compañía, en ocasiones no nos sentimos a gusto con las personas que nos rodean. El sentimiento de soledad tiene que ver con no haber forjado una escucha o haber perdido una escucha. A veces este sentimiento acontece ante una separación o ante la pérdida de un ser querido, quién no ha vivido una situación como esta a lo largo de su vida. Cuando uno se encuentra bien, no importa llegar a casa y estar solo, porque nos sentimos acompañados de todas nuestras relaciones y compromisos. Vivir solo puede ser una buena opción de vida, pero no puede resultar si no gozamos de unas buenas relaciones sociales, si no gozamos de una buena salud social.
La cultura nos permite no sentirnos solos jamás. Es cuando sólo nos escuchamos a nosotros mismos que entramos en ese vacío de la soledad. Cuando abrimos un libro, escuchamos a otros; otras vidas laten conmigo, es imposible sentirse solo.
HELENA TRUJILLO LUQUE
domingo, 14 de noviembre de 2010
PSICOANALISIS Y LITERATURA
Apuntes psicoanalíticos sobre Osiris Rodríguez Castillos,
en base a su poema “Canción para decir adiós”
Hamid Nazabay
En muchísimas oportunidades el psicoanálisis realiza su aplicación fuera del ámbito terapéutico. En uno de los campos, que ha encontrado, de donde sacar partido para sus teorizaciones, es el artístico, tomando como base la obra en sí misma para expandirse hacia el sujeto creador de la misma. Y este es un punto fuertemente criticado por distintos sectores, puesto que, en casi todos los casos, se estaría incurriendo en una práctica psicoanalítica sin la confrontación asociativa parlante -ante las interpretaciones analíticas-, de dicho sujeto creador. Es verdad, pero también es verdad que no se pretende más que aventurarse en una óptica biografiante, o de confrontación y/o convalidación conceptual de acuerdo al saber psicoanalítico. La obra habla por el sujeto que la crea, o mejor dicho habla al sujeto, que para alteridad absoluta crea.
Ahora bien en psicoanálisis cuando hablamos de arte, ciencia, en definitiva de producción cultural, se evoca el concepto de sublimación, esa suerte de transmutación libidinal que coloca al sujeto en un funcionamiento productivo de adaptación socio-cultural, moral, podríamos decir. El sujeto creador domeña así sus componentes pulsionales, sus excitaciones internas. Por ello el arte, como producción cultural, está ligado a otro concepto psicoanalítico, la elaboración psíquica. El artista con dicha elaboración dominaría esas excitaciones que de otro modo provocarían otros efectos (síntomas). Según Laplanche y Pontalis (Ver: Elaboración psíquica) este trabajo elaborativo “…consiste en integrar las excitaciones y establecer entre ellas conexiones asociativas…”. Freud comenta al respeto (Introducción del narcisismo, p. 82), que con la elaboración, en esa integración y reconexión asociativa, se estaría logrando el desvío interno de las excitaciones, que no podrían descargarse directamente en el exterior; las excitaciones deben cernirse antes, la obra artística es (a grandes rasgos), entonces, como producto exterior, materia cernida de lo pulsional.
Así, el creador se pone en contacto con su inconsciente, aunque dicho contacto muchas veces sea también inconsciente. Por ello se ha evocado al arte como una variante del autoanálisis, en la medida en que el artista elabora (o reelabora) su acontecer inconsciente. Dicho autoanálisis es, de alguna manera, profilaxis psíquica e higiene mental, no en vano muchas vertientes han tomado la expresión artística como terapia psicológica.
Ahora bien, hemos tomado la figura de Osiris Rodríguez Castillos (1925-1996), no sólo por la admiración que sentimos por él, sino porque lo consideramos uno de nuestros mayores poetas y compositores, además de haber desplegado arte en otras expresiones como la escultura, el dibujo, la artesanía, la guasquería, la luthería. Vivió artísticamente, abocado al rescate de un insondable reservorio cultural, que se ha dejado de lado; su búsqueda fue la de la identidad, su identidad… que es la nuestra.
Tomamos un significativo poema, autobiográfico, podríamos decir, pero que evoca un itinerario común a todos, la separación del arraigo primigenio, constante inalterable en su poesía, y en la dimensión subjetiva colectiva. Es que en esto común a todos esta la convocancia de la poesía, la que nos muestra la inasibilidad de lo aparente como de lo profundo, ¿será por esto que cada vez se lee menos poesía? ¿existe un miedo a ella?, probablemente. Al inconsciente también se le teme.
La Canción para decir adiós que nos brinda Osiris se encuentra en su segundo poemario editado en 1963, titulado Cantos del Norte y del Sur, y la reproducimos a continuación, en su totalidad, para trabajar después sobre ella:
CANCIÓN PARA DECIR ADIÓS
Ya es la hora:
No puedo,
ni quedarme a tu lado…
ni llevarte conmigo.
Sé que más fácil, para ti, quedarte
-pañuelo en el umbral atardecido,
monograma de lágrimas apenas
donde se empañan el ángulo de tu vidrio-
Es tu oficio quedarte,
y partir…es mi oficio.
Desde siempre fue así.
Tú esperas algo
que alguna vez te entregará el camino.
Yo…peregrino coronando lamas
-para ver qué hay detrás-
y, el peregrino
jamás ha de quedarse porque quiera.
Algo tiene que atarlo hasta el olvido
del sueño imponderable que lo lleva
para saber al fin, que su destino
era hallar…ese nombre; esa sonrisa;
ese pequeño gesto; ese suspiro!
Si fueras tú, yo sé que si tú fueras,
sobre tu seno tibio
reclinada la sien, me quedaría
fatigado y tranquilo,
consolado y seguro
…como cuando de chico.
A un solo gesto tuyo, olvidaría
que es hora de partir…y yo no olvido.
Sé muy bien que es la hora, y que no puedo
ni quedarme a tu lado
…ni llevarte conmigo.
Podrías detenerme si se que fueras
y aquí, por fin, mi asilo,
asomado a tus ojos quedaría
como un sauce a un remanso pensativo…
Pero no puedes, lumbre.
Pero no puedes sitio.
Pero no puedes, techo,
lecho, aguja, dedal, lámpara, vino,
mujer!
Tu no consigues
detenerme…y prosigo.
De nuevo me reclaman
lejanos horizontes desvalidos…
Porque aprendí del agua
mi canto y mi destino,
he de ser como el agua;
y he de andar mal herido,
desflechando en zarzales,
despeñado en abismos,
dudando entre ser nube,
lluvia, lágrima, río…
u hombre; tan desolado!
hombre; tan dolorido!
Hombre. Tan sin respuesta
para el Fin y el Principio!
Podrías detenerme si es que fueras…
Y aquí, por fin, mi asilo,
asomado a tus ojos quedaría
como un sauce a un remanso pensativo.
Pero sé que no puedes…
-Aunque a veces me digo
que ese pequeño gesto de ternura
pudiera ser el sueño que persigo…-
Mujer…
Si yo pudiera
ser como era al principio…
Entonces,
demoraba los pasos, sorprendido
por la curva de un vuelo,
por el canto de un nido,
por la estrella de un charco,
por el pulso de un grillo…
Si hasta una flor, entonces,
me cerraba el camino!
Pero ahora….
No puedo.
Me alejo de tus labios, como un grito.
Me arranco de tu tierra, como un árbol
y me voy de tus ojos, y te digo:
-mi juventud perdóname, no puedo…
ni quedarme a tu lado, no llevarte conmigo.-
Decir adiós
Esta Canción relata poéticamente la separación que hace Osiris del lecho materno, algo que marcó su vida tempranamente, ya que se ausentó de su hogar con solo 14 años. En ningún momento se alude en el poema que este esté dirigido a su madre, no la nombra como tal, elemento que es significativo, pero refiere con significantes como lumbre, sitio, techo, lecho, aguja, dedal, mujer, etc. que aluden a elementos maternos.
A través del poema elabora esa situación (pasada) que resulta signante en el sujeto, la fase edípica. La separación del lecho materno es necesaria, y el destino se lo exige (…Porque aprendí del agua / mi canto y mi destino…). Del Río Yí al que amaba aprendió todo -según él- y ello queda patente en casi toda su poesía, pero ese destino está ligado a la signación paterna, como abordaremos después. Con esta canción elabora la dolorosa (para él y para su madre) separación, el poema cumple la eficacia simbólica (Levi-Strauss) y es funcional para tramitar la conflictiva. En lo simbólico del poema está la eficacia que posibilita la elaboración. Comentaba Levi-Strauss, para referirse a la eficacia simbólica, como en organizaciones tribales, ante la enfermedad de alguno de sus miembros, el resto de la tribu dramatizaba la enfermedad y la curación, y ello hacía eco en el organismo del afectado y este sanaba. El poema cumple la misma funcionalidad.
Dicho texto se conecta con los tópicos más relevantes de la obra de Osiris: las partidas, las despedidas, las llegadas, los encuentros y desencuentros, las ausencias; en definitiva, el desarraigo y la ominosa necesidad de este, y el deseo de arraigo: necesidad de desarraigo para volver a arraigarse. Ante la necesidad de desprendimiento y la dificultad del mismo, Osiris da cuenta de una exigencia interior que le exige, valga la redundancia, la partida (“Ya es la hora: No puedo, / ni quedarme a tu lado… ni llevarte conmigo”), y lo resuelve evocando la tradición, el mandato social (“Es tu oficio quedarte, / y partir… es mi oficio. / Desde siempre fue así”). Vemos aquí esa exigencia, que es la del Super-yó, este, como “abogado” del Ello, puesto que este último lo impulsa a quedarse (“Podrías detenerme si es que fueras / y aquí, por fin, mi asilo, / asomado a tus ojos quedaría…). Este deseo de quedarse no surge sólo del sujeto de enunciación, si no también del deseo materno como una proyección del deseo del otro, es el deseo de la madre proyectado en el sujeto que lo enuncia como su propio deseo.
Dicha exigencia superyoica no es azarosa, sino que esta determinada, como Freud ha sentenciado, puesto que el Super-yó es el heredero del Complejo de Edipo. El Super-yó se con-forma, entre otras cosas, de la exigencia paterna que es introyectada en el yo. En Osiris se marca superyoicamente el deber de partir como un oficio al que no se puede no cumplir, por ser el deber del hijo. Y ante el deber de la partida encontramos una madre que llora (“…monograma de lágrimas…”) por la retroacción de la falta que acaecerá en ella, resignificándose. Esta falta fenomenológica es, en su correspondiente simbólico, la falta fálica (Lacan) como significante. Algo que Osiris, como hijo, decodifica en la demanda materna cuando le dice que su oficio es quedarse, pero que ella espera algo que alguna ver le entregará el camino, ese “algo” es el significante falo.
Osiris manifiesta que si ella fuera lo que él busca se quedaría como cuando de niño, pero la “abogacía” del Super-yó le indica la partida (y la retroactivada amenaza de castración). Enuncia saber que quedarse no es su destino (“Se muy bien que es la hora…”). Este saber está apoyado en el Super-yó y en el Ideal del yo (“… el peregrino jamás ha de quedarse porque quiera…”). Esta partida dolorosa pero tentadora a la vez promete obtener lo mismo que su padre y reencontrar al objeto amoroso, reencontrar el arraigo. Por eso habla de que lo llama un “sueño antiguo”, enunciando su deseo.
Si bien Osiris a lo largo de el poema enuncia su partir y el quedar de la madre, la parte final del texto es de las más intensas y ya se vivencia el duelo por la pérdida (“Me arranco de tu tierra, como un árbol / y me voy de tus ojos…), y el sentimiento de culpa (“… mi juventud perdóname, no puedo… / ni quedarme a tu lado, ni llevarte conmigo.”).
Herencia
Es interesante ver el buen reracionamiento que Osiris tenía con ambas figuras parentales. Con su padre, por ejemplo, estaba identificado por las condiciones intelectuales y musicales de éste. Osiris comenta en algunas entrevistas la cultura de su padre, la sabiduría, cosa que el hereda, y reproduce en su obra, mostrando ser un virtuoso y erudito en diversas facetas, como músico, compositor y poeta. Siempre fue apoyado por ellos, al vez que exigido, sobre todo por su padre y en cuanto a los estudios musicales, lo que habría constituido en el una referencia, a través de la figura paterna, y la consiguiente exigencia, por introyección, de una parte importante y nuclear de su Ideal de yo.
A pesar de este buen reracionamiento, este padre impuso discursivamente el deber de partida en Osiris. Al decir “...partir es mi oficio…” esta enmarcando el discurso paterno que sin duda le aconsejaría: “partir es tu oficio”, para su desarrollo personal y cultural. Antes de la partida descrita en el poema, Osiris ya había tenido algunos ensayos, por ejemplo, realizó el servicio militar de forma voluntaria con sólo 14 años, y tiempo después marchó hacia la frontera norte a trabajar y recorrer toda esa zona, también estuvo en Argentina. Comentaba que aunque lo apoyaban en sus partidas, lo quisieron retener. Es aquí donde está la retención materna que queda explícita en el poema, y la confianza paterna sobre su partida, confianza como legado y como ley. La impartición de esta confianza-autoridad no estuvo explícitamente conciente, pero si la encontramos a nivel simbólico.
Ahondando más en las actitudes de los padres hacia los hijos, como venimos viendo para el caso concreto, Freud señala en “Introducción al Narcisismo”, que el cariño y el amor dispensado por los padres es una reviviscencia de su propio narcisismo originario, ya perdido y ahora proyectado en el hijo, pero esto será un punto importante en el Ideal del yo, puesto que ese amor, como proyección del narcisismo originario, también marca un deber de ser. En Osiris esto reviste particular importancia, en relación con el Ideal del yo, y lo que esto tiene vinculado con su obra. Osiris se sentía exigido a la perfección y comentó alguna vez que esta se debía buscar aún sabiendo que no se encontraría. Pero no siempre el artista logra complacer su Ideal del yo, esto lleva a una reelaboración constante, a la búsqueda de que el Yo coincida en algo con el Ideal del yo. Tal como Freud comenta en “Psicología de las masas…” (p.124): “… se produce una sensación de triunfo cuando en el yo algo coincide con el ideal del yo”. Pero también, como este mismo comenta “…se ama a lo que posee el mérito que falta al yo para alcanzar el ideal…” (Introducción al Narcisismo, p. 97), y en este sentido Osiris lo deja testimoniado en otro de sus poemas (“Elogio de la soledad”) cuando dice “…Cuando hallaré el consuelo / de un puñadito de soledad, / que sumada a la mía / se vuelva dicha, copla… y cantar…”. Busca alguien (un puñadito de soledad) como él que sume su soledad para conformar la dicha. Un elemento interesante es que su última compañera, en su exilio español, se llamaba, justamente -como menciona el poema-, Consuelo. Finalmente halló ese consuelo, que se transformó en dicha, pero esta persona falleció tiempo después, algo que sumió a Osiris en depresión, y lo alejó de sus actividades culturales.
El nombre
Un elemento significativo, y evidentemente signante en la lógica del significante, es el nombramiento con que los padres nominan a un hijo. En el caso de Osiris comprobamos a simple vista que este tiene nombre de dios, el dios egipcio de mayor importancia en aquella mitología. Evidentemente el padre de Osiris (Genuino Rodríguez), había tenido contacto teórico con dicha cultura, puesto que otros de sus hijos llevaban el nombre de Horus y de Isis. Resulta por demás llamativo que el primer hijo se llamase Horus, que en la mitología es el hijo de Osiris, y su segundo hijo varón lo llamó Osiris. Podría pensarse que si el primer hijo fue llamado como el hijo del dios Osiris, quien se identificaba con este era Genuino Rodríguez. Pero resulta aún más significativo que a su segundo hijo lo llamase con el nombre del padre de su primer descendiente (Horus Rodríguez). Si Genuino se identificó con el dios Osiris (padre de Horus), existe un traspaso del nombre del padre hacia otro de sus hijos, otorgándole, por proyección, el significante del nombre del padre. Esto, como hemos venido diciendo, es un punto más de conexión en el Ideal del yo y el Narcisismo en Osiris (Rodríguez Castillos), por portar el nombre de uno de los dioses más importantes de la historia universal.
Sabido es que Osiris era famoso por su difícil personalidad y por la superior valoración de su obra, además de la subestimación de sus supuestos colegas, demostrando así sus rasgos narcisistas, lo que no desmerece su obra, puesto que objetivamente, esta es de elevada estatura.
Asesino de luciérnagas y ladrón de luz
“Y a veces, en gurí, maté luciérnagas
Por saber si es mi luz esa que ocultan…
…tengo ahora las manos luminosas
de asesinar la candidez sin culpa…”
O.R.C. “Pena del vidalitero”
Es interesante, en esta última parte de estos apuntes, recordar una anécdota de la niñez de Osiris la que tiene particular importancia con la búsqueda de su conocimiento, el que para el psicoanálisis esta en estricta consonancia con el conocimiento de lo sexual, por ello se habla de una pulsión epistemofílica.
Osiris relata esta vivencia para la Revista Tres. Dice Osiris: “…Resulta que en un tiempo yo tuve pesadillas, allá por los 8 años saltaba de la cama y salía corriendo por toda la casa. Por eso papá y mamá me llevaron al cuarto de ellos. Yo siempre tenía algo para leer, y ellos me pedían que apagara la luz. Entonces agarraba un tubo de alguna vacuna, o de aspirinas, y lo llenaba de luciérnagas. Lo llevaba a la cama y lo escondía. De noche haciendo rodar el tubo sobre las páginas del libro, leía debajo de la frazada”.
Sabemos por Freud que un poco antes de la etapa evolutiva en que sucede esta vivencia, tiene su génesis la pulsión de saber, vinculada a la vida sexual, puesto que los primeros intereses del niño se centran en temas de este tipo y es ello lo que lo impulsa a investigar, así, el niño forma sus primeras teorías sexuales infantiles. Posteriormente estos intereses, censura mediante, se subliman y se trocan en intereses de tipo intelectual. Es decir, a la edad que comenta Osiris, ocho años, encontramos lo que el psicoanálisis da en llamar el período de latencia, donde dichos intereses sexuales, sucumben a la represión, erigiendo como mecanismos de defensa la formación reactiva y la sublimación; estos alinean al niño en intereses intelectuales. Además, como en el caso que traemos, la fantasía de los padres juntos en la cama es para el saber psicoanalítico lo que se denomina la escena primaria. Es a partir de la fantasía que de esta se tiene, o de la visión fáctica de la misma, o como ocurre muchas veces, a través del canal auditivo, lo que lleva a que ciertos sonidos sean asociados a esta fantasía, lo que sirve de material para la construcción de determinadas hipótesis. Es a partir de esta escena que el niño comienza a “teorizar” sobre lo sexual, sobre la concepción de los niños, puesto que en definitiva esta fantasía alude a la concepción y el origen del sujeto mismo como subjetividad.
Osiris se las ingenió para ir a dormir al cuarto de sus padres, a través de síntomas: pesadillas, saltar de la cama, etc. Podemos aventurar así, la hipótesis de que, síntomas mediante, Osiris lograba estar en el cuarto de sus padres para “investigar” sobre esta escena primaria. Si bien leía e investigaba a través de la luz de las luciérnagas, inconscientemente, investigaba sobre lo sexual, por encontrarse junto al lecho de sus padres.
Epílogo
Estos apuntes, tal como su título lo indica, son, sólo y justamente, apuntes. Apuntes apoyados en el marco teórico psicoanalítico, sobre algunos puntos de la obra de un poeta. No pretenden nada más que señalar, elucidar determinados aspectos en base a un texto (poema) que tiene estrecha conexión con quien lo ha escrito y con su obra, pero que se contacta con tópicos del acontecer subjetivo de todos los sujetos. Como se vio no hay nada acabado y cerrado, sino, por el contrario, quisimos abrir espacios de análisis para ser continuados. Lejos estamos, y no lo pretendemos, de un psicoanálisis del artista en cuestión, y menos aún de un análisis literario. Estos apuntes están basados, sencillamente, en la reflexión de la lectura del poeta, como también en la reflexión de la lectura psicoanalítica.
Bibliografía consultada
- Carbajal, E., D’Angelo, R., y Marchilla, A. Una introducción a la Lacan. Ed. Lugar. 1984. Buenos Aires.
- Freud, S. Tres ensayos de teoría sexual. Amorrortu (Tomo VII), 1996. Buenos Aires
----------- Introducción del Narcisismo. (T. XIV).
----------- Psicología de las masas y análisis del yo. (T. XVIII).
----------- El yo y el ello. (T. XIX).
----------- El sepultamiento del complejo de Edipo. (T. XIX).
- Laplanche, J. y Pontalis, J. B. Diccionario de Psicoanálisis. Ed. Labor. 1979. Barcelona
- Levi-Strauss, C. Antropología Estructural. EUDEBA. 1968. Buenos Aires.
- Pellegrino, G. Osiris Rodríguez Castillos. Un pionero en al Guitarra. El País Cultural, Nº 495 (30/04/99). Montevideo.
- Rodríguez Castillos, O. Canto y Poesía. Ed. Arca. 1974. Montevideo.
---------------------- Cantos del Norte y del Sur. (5ª edición). Ed. Acali. 1980. Montevideo.
- Tutté, A. Donde mueren las palabras queda la música, reportaje a Osiris Rodríguez Castillos, Revista 3, 18/10/1996.
- Vasella , S. El hombre no termina en su piel, entrevista Osiris Rodríguez Castillos, en: Americando II, Mera Editor, Montevideo, 1997.
Por Hamid Nazabay
en base a su poema “Canción para decir adiós”
Hamid Nazabay
En muchísimas oportunidades el psicoanálisis realiza su aplicación fuera del ámbito terapéutico. En uno de los campos, que ha encontrado, de donde sacar partido para sus teorizaciones, es el artístico, tomando como base la obra en sí misma para expandirse hacia el sujeto creador de la misma. Y este es un punto fuertemente criticado por distintos sectores, puesto que, en casi todos los casos, se estaría incurriendo en una práctica psicoanalítica sin la confrontación asociativa parlante -ante las interpretaciones analíticas-, de dicho sujeto creador. Es verdad, pero también es verdad que no se pretende más que aventurarse en una óptica biografiante, o de confrontación y/o convalidación conceptual de acuerdo al saber psicoanalítico. La obra habla por el sujeto que la crea, o mejor dicho habla al sujeto, que para alteridad absoluta crea.
Ahora bien en psicoanálisis cuando hablamos de arte, ciencia, en definitiva de producción cultural, se evoca el concepto de sublimación, esa suerte de transmutación libidinal que coloca al sujeto en un funcionamiento productivo de adaptación socio-cultural, moral, podríamos decir. El sujeto creador domeña así sus componentes pulsionales, sus excitaciones internas. Por ello el arte, como producción cultural, está ligado a otro concepto psicoanalítico, la elaboración psíquica. El artista con dicha elaboración dominaría esas excitaciones que de otro modo provocarían otros efectos (síntomas). Según Laplanche y Pontalis (Ver: Elaboración psíquica) este trabajo elaborativo “…consiste en integrar las excitaciones y establecer entre ellas conexiones asociativas…”. Freud comenta al respeto (Introducción del narcisismo, p. 82), que con la elaboración, en esa integración y reconexión asociativa, se estaría logrando el desvío interno de las excitaciones, que no podrían descargarse directamente en el exterior; las excitaciones deben cernirse antes, la obra artística es (a grandes rasgos), entonces, como producto exterior, materia cernida de lo pulsional.
Así, el creador se pone en contacto con su inconsciente, aunque dicho contacto muchas veces sea también inconsciente. Por ello se ha evocado al arte como una variante del autoanálisis, en la medida en que el artista elabora (o reelabora) su acontecer inconsciente. Dicho autoanálisis es, de alguna manera, profilaxis psíquica e higiene mental, no en vano muchas vertientes han tomado la expresión artística como terapia psicológica.
Ahora bien, hemos tomado la figura de Osiris Rodríguez Castillos (1925-1996), no sólo por la admiración que sentimos por él, sino porque lo consideramos uno de nuestros mayores poetas y compositores, además de haber desplegado arte en otras expresiones como la escultura, el dibujo, la artesanía, la guasquería, la luthería. Vivió artísticamente, abocado al rescate de un insondable reservorio cultural, que se ha dejado de lado; su búsqueda fue la de la identidad, su identidad… que es la nuestra.
Tomamos un significativo poema, autobiográfico, podríamos decir, pero que evoca un itinerario común a todos, la separación del arraigo primigenio, constante inalterable en su poesía, y en la dimensión subjetiva colectiva. Es que en esto común a todos esta la convocancia de la poesía, la que nos muestra la inasibilidad de lo aparente como de lo profundo, ¿será por esto que cada vez se lee menos poesía? ¿existe un miedo a ella?, probablemente. Al inconsciente también se le teme.
La Canción para decir adiós que nos brinda Osiris se encuentra en su segundo poemario editado en 1963, titulado Cantos del Norte y del Sur, y la reproducimos a continuación, en su totalidad, para trabajar después sobre ella:
CANCIÓN PARA DECIR ADIÓS
Ya es la hora:
No puedo,
ni quedarme a tu lado…
ni llevarte conmigo.
Sé que más fácil, para ti, quedarte
-pañuelo en el umbral atardecido,
monograma de lágrimas apenas
donde se empañan el ángulo de tu vidrio-
Es tu oficio quedarte,
y partir…es mi oficio.
Desde siempre fue así.
Tú esperas algo
que alguna vez te entregará el camino.
Yo…peregrino coronando lamas
-para ver qué hay detrás-
y, el peregrino
jamás ha de quedarse porque quiera.
Algo tiene que atarlo hasta el olvido
del sueño imponderable que lo lleva
para saber al fin, que su destino
era hallar…ese nombre; esa sonrisa;
ese pequeño gesto; ese suspiro!
Si fueras tú, yo sé que si tú fueras,
sobre tu seno tibio
reclinada la sien, me quedaría
fatigado y tranquilo,
consolado y seguro
…como cuando de chico.
A un solo gesto tuyo, olvidaría
que es hora de partir…y yo no olvido.
Sé muy bien que es la hora, y que no puedo
ni quedarme a tu lado
…ni llevarte conmigo.
Podrías detenerme si se que fueras
y aquí, por fin, mi asilo,
asomado a tus ojos quedaría
como un sauce a un remanso pensativo…
Pero no puedes, lumbre.
Pero no puedes sitio.
Pero no puedes, techo,
lecho, aguja, dedal, lámpara, vino,
mujer!
Tu no consigues
detenerme…y prosigo.
De nuevo me reclaman
lejanos horizontes desvalidos…
Porque aprendí del agua
mi canto y mi destino,
he de ser como el agua;
y he de andar mal herido,
desflechando en zarzales,
despeñado en abismos,
dudando entre ser nube,
lluvia, lágrima, río…
u hombre; tan desolado!
hombre; tan dolorido!
Hombre. Tan sin respuesta
para el Fin y el Principio!
Podrías detenerme si es que fueras…
Y aquí, por fin, mi asilo,
asomado a tus ojos quedaría
como un sauce a un remanso pensativo.
Pero sé que no puedes…
-Aunque a veces me digo
que ese pequeño gesto de ternura
pudiera ser el sueño que persigo…-
Mujer…
Si yo pudiera
ser como era al principio…
Entonces,
demoraba los pasos, sorprendido
por la curva de un vuelo,
por el canto de un nido,
por la estrella de un charco,
por el pulso de un grillo…
Si hasta una flor, entonces,
me cerraba el camino!
Pero ahora….
No puedo.
Me alejo de tus labios, como un grito.
Me arranco de tu tierra, como un árbol
y me voy de tus ojos, y te digo:
-mi juventud perdóname, no puedo…
ni quedarme a tu lado, no llevarte conmigo.-
Decir adiós
Esta Canción relata poéticamente la separación que hace Osiris del lecho materno, algo que marcó su vida tempranamente, ya que se ausentó de su hogar con solo 14 años. En ningún momento se alude en el poema que este esté dirigido a su madre, no la nombra como tal, elemento que es significativo, pero refiere con significantes como lumbre, sitio, techo, lecho, aguja, dedal, mujer, etc. que aluden a elementos maternos.
A través del poema elabora esa situación (pasada) que resulta signante en el sujeto, la fase edípica. La separación del lecho materno es necesaria, y el destino se lo exige (…Porque aprendí del agua / mi canto y mi destino…). Del Río Yí al que amaba aprendió todo -según él- y ello queda patente en casi toda su poesía, pero ese destino está ligado a la signación paterna, como abordaremos después. Con esta canción elabora la dolorosa (para él y para su madre) separación, el poema cumple la eficacia simbólica (Levi-Strauss) y es funcional para tramitar la conflictiva. En lo simbólico del poema está la eficacia que posibilita la elaboración. Comentaba Levi-Strauss, para referirse a la eficacia simbólica, como en organizaciones tribales, ante la enfermedad de alguno de sus miembros, el resto de la tribu dramatizaba la enfermedad y la curación, y ello hacía eco en el organismo del afectado y este sanaba. El poema cumple la misma funcionalidad.
Dicho texto se conecta con los tópicos más relevantes de la obra de Osiris: las partidas, las despedidas, las llegadas, los encuentros y desencuentros, las ausencias; en definitiva, el desarraigo y la ominosa necesidad de este, y el deseo de arraigo: necesidad de desarraigo para volver a arraigarse. Ante la necesidad de desprendimiento y la dificultad del mismo, Osiris da cuenta de una exigencia interior que le exige, valga la redundancia, la partida (“Ya es la hora: No puedo, / ni quedarme a tu lado… ni llevarte conmigo”), y lo resuelve evocando la tradición, el mandato social (“Es tu oficio quedarte, / y partir… es mi oficio. / Desde siempre fue así”). Vemos aquí esa exigencia, que es la del Super-yó, este, como “abogado” del Ello, puesto que este último lo impulsa a quedarse (“Podrías detenerme si es que fueras / y aquí, por fin, mi asilo, / asomado a tus ojos quedaría…). Este deseo de quedarse no surge sólo del sujeto de enunciación, si no también del deseo materno como una proyección del deseo del otro, es el deseo de la madre proyectado en el sujeto que lo enuncia como su propio deseo.
Dicha exigencia superyoica no es azarosa, sino que esta determinada, como Freud ha sentenciado, puesto que el Super-yó es el heredero del Complejo de Edipo. El Super-yó se con-forma, entre otras cosas, de la exigencia paterna que es introyectada en el yo. En Osiris se marca superyoicamente el deber de partir como un oficio al que no se puede no cumplir, por ser el deber del hijo. Y ante el deber de la partida encontramos una madre que llora (“…monograma de lágrimas…”) por la retroacción de la falta que acaecerá en ella, resignificándose. Esta falta fenomenológica es, en su correspondiente simbólico, la falta fálica (Lacan) como significante. Algo que Osiris, como hijo, decodifica en la demanda materna cuando le dice que su oficio es quedarse, pero que ella espera algo que alguna ver le entregará el camino, ese “algo” es el significante falo.
Osiris manifiesta que si ella fuera lo que él busca se quedaría como cuando de niño, pero la “abogacía” del Super-yó le indica la partida (y la retroactivada amenaza de castración). Enuncia saber que quedarse no es su destino (“Se muy bien que es la hora…”). Este saber está apoyado en el Super-yó y en el Ideal del yo (“… el peregrino jamás ha de quedarse porque quiera…”). Esta partida dolorosa pero tentadora a la vez promete obtener lo mismo que su padre y reencontrar al objeto amoroso, reencontrar el arraigo. Por eso habla de que lo llama un “sueño antiguo”, enunciando su deseo.
Si bien Osiris a lo largo de el poema enuncia su partir y el quedar de la madre, la parte final del texto es de las más intensas y ya se vivencia el duelo por la pérdida (“Me arranco de tu tierra, como un árbol / y me voy de tus ojos…), y el sentimiento de culpa (“… mi juventud perdóname, no puedo… / ni quedarme a tu lado, ni llevarte conmigo.”).
Herencia
Es interesante ver el buen reracionamiento que Osiris tenía con ambas figuras parentales. Con su padre, por ejemplo, estaba identificado por las condiciones intelectuales y musicales de éste. Osiris comenta en algunas entrevistas la cultura de su padre, la sabiduría, cosa que el hereda, y reproduce en su obra, mostrando ser un virtuoso y erudito en diversas facetas, como músico, compositor y poeta. Siempre fue apoyado por ellos, al vez que exigido, sobre todo por su padre y en cuanto a los estudios musicales, lo que habría constituido en el una referencia, a través de la figura paterna, y la consiguiente exigencia, por introyección, de una parte importante y nuclear de su Ideal de yo.
A pesar de este buen reracionamiento, este padre impuso discursivamente el deber de partida en Osiris. Al decir “...partir es mi oficio…” esta enmarcando el discurso paterno que sin duda le aconsejaría: “partir es tu oficio”, para su desarrollo personal y cultural. Antes de la partida descrita en el poema, Osiris ya había tenido algunos ensayos, por ejemplo, realizó el servicio militar de forma voluntaria con sólo 14 años, y tiempo después marchó hacia la frontera norte a trabajar y recorrer toda esa zona, también estuvo en Argentina. Comentaba que aunque lo apoyaban en sus partidas, lo quisieron retener. Es aquí donde está la retención materna que queda explícita en el poema, y la confianza paterna sobre su partida, confianza como legado y como ley. La impartición de esta confianza-autoridad no estuvo explícitamente conciente, pero si la encontramos a nivel simbólico.
Ahondando más en las actitudes de los padres hacia los hijos, como venimos viendo para el caso concreto, Freud señala en “Introducción al Narcisismo”, que el cariño y el amor dispensado por los padres es una reviviscencia de su propio narcisismo originario, ya perdido y ahora proyectado en el hijo, pero esto será un punto importante en el Ideal del yo, puesto que ese amor, como proyección del narcisismo originario, también marca un deber de ser. En Osiris esto reviste particular importancia, en relación con el Ideal del yo, y lo que esto tiene vinculado con su obra. Osiris se sentía exigido a la perfección y comentó alguna vez que esta se debía buscar aún sabiendo que no se encontraría. Pero no siempre el artista logra complacer su Ideal del yo, esto lleva a una reelaboración constante, a la búsqueda de que el Yo coincida en algo con el Ideal del yo. Tal como Freud comenta en “Psicología de las masas…” (p.124): “… se produce una sensación de triunfo cuando en el yo algo coincide con el ideal del yo”. Pero también, como este mismo comenta “…se ama a lo que posee el mérito que falta al yo para alcanzar el ideal…” (Introducción al Narcisismo, p. 97), y en este sentido Osiris lo deja testimoniado en otro de sus poemas (“Elogio de la soledad”) cuando dice “…Cuando hallaré el consuelo / de un puñadito de soledad, / que sumada a la mía / se vuelva dicha, copla… y cantar…”. Busca alguien (un puñadito de soledad) como él que sume su soledad para conformar la dicha. Un elemento interesante es que su última compañera, en su exilio español, se llamaba, justamente -como menciona el poema-, Consuelo. Finalmente halló ese consuelo, que se transformó en dicha, pero esta persona falleció tiempo después, algo que sumió a Osiris en depresión, y lo alejó de sus actividades culturales.
El nombre
Un elemento significativo, y evidentemente signante en la lógica del significante, es el nombramiento con que los padres nominan a un hijo. En el caso de Osiris comprobamos a simple vista que este tiene nombre de dios, el dios egipcio de mayor importancia en aquella mitología. Evidentemente el padre de Osiris (Genuino Rodríguez), había tenido contacto teórico con dicha cultura, puesto que otros de sus hijos llevaban el nombre de Horus y de Isis. Resulta por demás llamativo que el primer hijo se llamase Horus, que en la mitología es el hijo de Osiris, y su segundo hijo varón lo llamó Osiris. Podría pensarse que si el primer hijo fue llamado como el hijo del dios Osiris, quien se identificaba con este era Genuino Rodríguez. Pero resulta aún más significativo que a su segundo hijo lo llamase con el nombre del padre de su primer descendiente (Horus Rodríguez). Si Genuino se identificó con el dios Osiris (padre de Horus), existe un traspaso del nombre del padre hacia otro de sus hijos, otorgándole, por proyección, el significante del nombre del padre. Esto, como hemos venido diciendo, es un punto más de conexión en el Ideal del yo y el Narcisismo en Osiris (Rodríguez Castillos), por portar el nombre de uno de los dioses más importantes de la historia universal.
Sabido es que Osiris era famoso por su difícil personalidad y por la superior valoración de su obra, además de la subestimación de sus supuestos colegas, demostrando así sus rasgos narcisistas, lo que no desmerece su obra, puesto que objetivamente, esta es de elevada estatura.
Asesino de luciérnagas y ladrón de luz
“Y a veces, en gurí, maté luciérnagas
Por saber si es mi luz esa que ocultan…
…tengo ahora las manos luminosas
de asesinar la candidez sin culpa…”
O.R.C. “Pena del vidalitero”
Es interesante, en esta última parte de estos apuntes, recordar una anécdota de la niñez de Osiris la que tiene particular importancia con la búsqueda de su conocimiento, el que para el psicoanálisis esta en estricta consonancia con el conocimiento de lo sexual, por ello se habla de una pulsión epistemofílica.
Osiris relata esta vivencia para la Revista Tres. Dice Osiris: “…Resulta que en un tiempo yo tuve pesadillas, allá por los 8 años saltaba de la cama y salía corriendo por toda la casa. Por eso papá y mamá me llevaron al cuarto de ellos. Yo siempre tenía algo para leer, y ellos me pedían que apagara la luz. Entonces agarraba un tubo de alguna vacuna, o de aspirinas, y lo llenaba de luciérnagas. Lo llevaba a la cama y lo escondía. De noche haciendo rodar el tubo sobre las páginas del libro, leía debajo de la frazada”.
Sabemos por Freud que un poco antes de la etapa evolutiva en que sucede esta vivencia, tiene su génesis la pulsión de saber, vinculada a la vida sexual, puesto que los primeros intereses del niño se centran en temas de este tipo y es ello lo que lo impulsa a investigar, así, el niño forma sus primeras teorías sexuales infantiles. Posteriormente estos intereses, censura mediante, se subliman y se trocan en intereses de tipo intelectual. Es decir, a la edad que comenta Osiris, ocho años, encontramos lo que el psicoanálisis da en llamar el período de latencia, donde dichos intereses sexuales, sucumben a la represión, erigiendo como mecanismos de defensa la formación reactiva y la sublimación; estos alinean al niño en intereses intelectuales. Además, como en el caso que traemos, la fantasía de los padres juntos en la cama es para el saber psicoanalítico lo que se denomina la escena primaria. Es a partir de la fantasía que de esta se tiene, o de la visión fáctica de la misma, o como ocurre muchas veces, a través del canal auditivo, lo que lleva a que ciertos sonidos sean asociados a esta fantasía, lo que sirve de material para la construcción de determinadas hipótesis. Es a partir de esta escena que el niño comienza a “teorizar” sobre lo sexual, sobre la concepción de los niños, puesto que en definitiva esta fantasía alude a la concepción y el origen del sujeto mismo como subjetividad.
Osiris se las ingenió para ir a dormir al cuarto de sus padres, a través de síntomas: pesadillas, saltar de la cama, etc. Podemos aventurar así, la hipótesis de que, síntomas mediante, Osiris lograba estar en el cuarto de sus padres para “investigar” sobre esta escena primaria. Si bien leía e investigaba a través de la luz de las luciérnagas, inconscientemente, investigaba sobre lo sexual, por encontrarse junto al lecho de sus padres.
Epílogo
Estos apuntes, tal como su título lo indica, son, sólo y justamente, apuntes. Apuntes apoyados en el marco teórico psicoanalítico, sobre algunos puntos de la obra de un poeta. No pretenden nada más que señalar, elucidar determinados aspectos en base a un texto (poema) que tiene estrecha conexión con quien lo ha escrito y con su obra, pero que se contacta con tópicos del acontecer subjetivo de todos los sujetos. Como se vio no hay nada acabado y cerrado, sino, por el contrario, quisimos abrir espacios de análisis para ser continuados. Lejos estamos, y no lo pretendemos, de un psicoanálisis del artista en cuestión, y menos aún de un análisis literario. Estos apuntes están basados, sencillamente, en la reflexión de la lectura del poeta, como también en la reflexión de la lectura psicoanalítica.
Bibliografía consultada
- Carbajal, E., D’Angelo, R., y Marchilla, A. Una introducción a la Lacan. Ed. Lugar. 1984. Buenos Aires.
- Freud, S. Tres ensayos de teoría sexual. Amorrortu (Tomo VII), 1996. Buenos Aires
----------- Introducción del Narcisismo. (T. XIV).
----------- Psicología de las masas y análisis del yo. (T. XVIII).
----------- El yo y el ello. (T. XIX).
----------- El sepultamiento del complejo de Edipo. (T. XIX).
- Laplanche, J. y Pontalis, J. B. Diccionario de Psicoanálisis. Ed. Labor. 1979. Barcelona
- Levi-Strauss, C. Antropología Estructural. EUDEBA. 1968. Buenos Aires.
- Pellegrino, G. Osiris Rodríguez Castillos. Un pionero en al Guitarra. El País Cultural, Nº 495 (30/04/99). Montevideo.
- Rodríguez Castillos, O. Canto y Poesía. Ed. Arca. 1974. Montevideo.
---------------------- Cantos del Norte y del Sur. (5ª edición). Ed. Acali. 1980. Montevideo.
- Tutté, A. Donde mueren las palabras queda la música, reportaje a Osiris Rodríguez Castillos, Revista 3, 18/10/1996.
- Vasella , S. El hombre no termina en su piel, entrevista Osiris Rodríguez Castillos, en: Americando II, Mera Editor, Montevideo, 1997.
Por Hamid Nazabay
jueves, 11 de noviembre de 2010
EL PROCESO PRIMARIO Y SECUNDARIO. LA REPRESION
La poesía tiene la gracia de poner en ella el acontecimiento y consigue mantener sus características de acontecimiento.
Cuanto menos puedan narrar lo que les hizo vibrar del poema, el poema es mejor, se considera más universal y son esos poemas que están indicados para hacer la lengua permanente, lo que permanece en la lengua son los acontecimientos. En general, los acontecimientos con el paso de los años se van transformando en vida cotidiana. El poeta es el encargado de hacer permanecer aquello que va a pasar a la cotidianeidad, aquello que va a ser la vida cotidiana de los sujetos de la tierra.
Hablando de la escucha analítica y de la función poética, la función poética también estaría facilitada en el consejo que todo psicoanalista les da a sus discípulos: antes de sentarse en el sillón hay que olvidarse fundamentalmente de dos cosas, todo lo aprendido en los libros y todo lo que me interpretó mi psicoanalista.
Si me quedo sin lo que me interpretó y sin lo que leí en los libros, tengo que interesarme por el lenguaje, tengo que poseer en la escucha el imaginario universal, tengo que dar paso a mi deseo inconsciente; no quedo despojado de todo, quedo despojado del yo, de la razón, del conocimiento, pero no quedo despojado del saber inconsciente, el saber inconsciente es universal, es decir, sin la poesía no hay psicoanálisis. Sin la función poética en la escucha analítica no puedo interpretar. El momento en donde práctica teórica y práctica técnica ocurren, ahí, eso es la praxis.
Miguel Oscar Menassa
Cuanto menos puedan narrar lo que les hizo vibrar del poema, el poema es mejor, se considera más universal y son esos poemas que están indicados para hacer la lengua permanente, lo que permanece en la lengua son los acontecimientos. En general, los acontecimientos con el paso de los años se van transformando en vida cotidiana. El poeta es el encargado de hacer permanecer aquello que va a pasar a la cotidianeidad, aquello que va a ser la vida cotidiana de los sujetos de la tierra.
Hablando de la escucha analítica y de la función poética, la función poética también estaría facilitada en el consejo que todo psicoanalista les da a sus discípulos: antes de sentarse en el sillón hay que olvidarse fundamentalmente de dos cosas, todo lo aprendido en los libros y todo lo que me interpretó mi psicoanalista.
Si me quedo sin lo que me interpretó y sin lo que leí en los libros, tengo que interesarme por el lenguaje, tengo que poseer en la escucha el imaginario universal, tengo que dar paso a mi deseo inconsciente; no quedo despojado de todo, quedo despojado del yo, de la razón, del conocimiento, pero no quedo despojado del saber inconsciente, el saber inconsciente es universal, es decir, sin la poesía no hay psicoanálisis. Sin la función poética en la escucha analítica no puedo interpretar. El momento en donde práctica teórica y práctica técnica ocurren, ahí, eso es la praxis.
Miguel Oscar Menassa
martes, 12 de octubre de 2010
ENTREVISTA A JACQUES LACAN DE P.DAIX (1966)
La entrevista que traducimos a continuación fue realizada por Pierre DAIX el 26 de noviembre de 1966 a raíz de la publicación de los Écrits. Fue publicada primero en Les Lettres Françaises, nº 1159 correspondiente a la semana del 1 al 7 de diciembre de 1966. Posteriormente Pierre Daix publicó un librito: Nouvelle critique et art moderne, en las Eds. du Seuil, col. Tel Quel, Paris, 1968 (que fue traducido al español por Julio Vera como Claves del estructuralismo, en la Ed. Calden, Bs. Aires, 1969). Este libro reunía una serie de artículos y entrevistas acerca del estructuralismo que Daix había publicado separadamente en diversos números de la revista Les Lettres françaises y consta de dos partes. En la primera encontramos diversos artículos sobre “Estructuralismo”: “El estructuralismo” (p. 11-33 de la ed. en español citada); “Estructura del estructuralismo. I. Jean Piaget; II. Althusser y Foucault” (p. 35-59); “¿Sartre ha sido superado?” (p. 61-82). En la segunda parte se trata de una serie de entrevistas, realizadas por el propio Daix, con autores significativos del movimiento estructuralista: con Roland Barthes acerca de la semiología (p. 83-94); con Emile Benveniste acerca de la lingüística (p. 95-121); la entrevista con Lacan a la que nos referimos (p. 123-133); y, finalmente, con François Wahl sobre el estructuralismo en general (p. 135-153). Aunque aquí sólo publicamos nuestra traducción de la entrevista con Lacan, sin duda el lector sacará provecho de la lectura del libro de Daix, que le ilustrará acerca del contexto estructuralista de esta entrevista.
Juan Bauzá.
Pierre DAIX - La colección que usted dirige en editions du Seuil se denomina El campo freudiano. La referencia a Freud es constante en esa recopilación-selección de sus Escritos que acaba de publicarse. Así, la primera pregunta que quisiera formularle es la siguiente: ¿Cómo se sitúa en relación con Freud?
Jacques LACAN - Quiero afirmar claramente y desde el principio que todo lo que he escrito está enteramente determinado en primer término por la obra de Freud, y este es el primer título al que aspiro: ser alguien que ha leído a Freud con todo el cuidado que su obra merece. Por supuesto, he leído además a otros autores, pero de una manera que en absoluto sería comparable: a Hegel, por ejemplo. ¡En qué forma se me habrá leído a mí mismo para llegar a creer que me sometía a su sistema, cuando éste sólo era para mí un mecanismo para contrariar los delirios de la identificación!
Pero, volvamos a Freud. Cuanto más lo leo, más impresionado me siento por su consistencia, o más simplemente, digamos por su coherencia lógica. Hay en su obra una lógica, que, por mi parte, yo trato de expresar por medio de letras y símbolos, con un rigor comparable a las expresiones de la nueva lógica matemática con Bourbaki. ¿Qué ocurre cuando surge un hecho científico, un hecho que no concuerda con las fórmulas anteriores de las que se dispone hasta ese momento? Un hecho científico sólo nace si se pone a prueba una categoría existente, a saber, en un contexto de categorías ya existente. Si no hay sistema preexistente, no hay hecho, ni desmentido. Un hecho nuevo implica, de algún modo, una nueva estructura. El inconsciente es un hecho nuevo que comporta una estructura nueva e implica un desmentido de la antigua estructura sujeto-objeto.
Ahora bien, el verdadero alcance de eso nuevo que aportaba Freud superaba infinitamente lo que estaban en condiciones de leer, en definitiva lo que podían leer las personas a las cuales podía dirigirse en aquel momento y también después. ¿Quiénes formaban este público? Estaba compuesto esencialmente por médicos, por terapeutas preocupados por comprender desde el punto de vista de una ideología patogenética los oscuros movimientos cuya existencia constataban asimismo oscuramente en sus pacientes. Esta actitud era ciertamente en esos tiempos primitivos del psicoanálisis muy loable, pero la formación médica no era, y, como tal, nunca es, con sus intereses y su tradición, digamos, humanista, la más apropiada para introducirse en la dimensión propia del psicoanálisis. El hecho de que sean lingüistas y lógicos quienes por su formación original estén en mejores condiciones de hacerlo indica suficientemente el sentido en que debería ir una formación del psicoanalista adecuada a lo que podría esperarse de su trabajo, y para el caso del médico que quisiera dedicarse al mismo en qué sentido debería ser completada su formación médica.
¿Por qué en la actualidad la difusión de Freud es lo que es, hasta el punto de que incluso aquellos pretendidos psicoanalistas que no se reclaman de él, no pueden pasar de un recurso a sus términos, meramente verbal, en el mal sentido de la palabra? El problema consiste precisamente en que la mayoría de los psicoanalistas no saben por qué son de este modo siervos de su texto, cuando en realidad ponen bajo las palabras de Freud cualquier cosa, es decir, lo que hacen es dar cualquier significado imaginarizado por ellos a los términos de Freud, o más bien habría que decir: el significado corriente que se les daba antes de Freud, precisamente el significado que Freud devaluó, y que devalúa ahora el significado freudiano si se sigue recurriendo al significado anterior. En fin, que es fácil colar la falsa moneda.
No es casual que los psicoanalistas de hoy tengan una mayor aversión por el inconsciente, ya que no saben donde y cómo ubicarlo en su sistema, el mismo sistema antiguo anterior al cuestionamiento freudiano que afecta a bastantes cosas. Esto es comprensible, el inconsciente no pertenece, y así pues no es sumergible en él, al “espacio euclidiano”, hay que construirle un espacio apropiado, y es lo que estoy haciendo ahora. Eso, los psicoanalistas a quienes no ha rozado mi enseñanza no lo saben, y, por consiguiente, lo desconocen, entonces, prefieren, deben, recurrir –sólo disponen de eso- a nociones tales como el yo, el superyó, etc., que ciertamente se encuentran en Freud, pero que son igualmente homónimas de nociones que se utilizan desde hace mucho tiempo, de manera que el usarlas permite regresar implícitamente a sus antiguas acepciones.
No olvide usted que la primera generación de psicoanalistas se encontraban en la situación de tener que hacerse reconocer para poder trabajar. Estos médicos tienen su mérito. Tuvieron una especie de percepción de la novedad del freudismo y fueron cautivados por el uso de un instrumento eminentemente operativo que iba en contra de toda la formación que habían recibido, tanto en el liceo como en la facultad de medicina, algo dentro de ellos se rebelaba oscuramente frente a esa formación y era eso lo que de manera ambivalente les atraía al psicoanálisis, con todas las consecuencias de esta formación de compromiso. Hicieron, de algún modo sin saberlo (à son insu, malgré eux), un esfuerzo de exégesis y propaganda, torpe como ocurre generalmente en estos casos, para poner en circulación las categorías de Freud y hacerlas aceptables para el gran público y para el pequeño público de sus colegas médicos o universitarios, a partir de lo que habían percibido más o menos vagamente del campo inaudito que esas categorías les abrían. Pero, al aplicarse a hacerlas admisibles, digeribles para el público en general, pero también para ellos mismos, han tenido la tendencia y la tentación de sustituir el aparato científico montado por Freud por el aparato filosófico, médico-terapéutico, anterior, y concretamente a revisar el de Freud para encerrarlo de nuevo, hacerlo volver al redil de la antigua relación sujeto-objeto, y se ha continuado en esa dirección. Esta “adaptación” ha conducido a diversos desarrollos aberrantes.
Lo que estoy haciendo ahora es epistemología. Usted ve que no están tan errados los estudiantes normalianos[1] de la rue d’Ulm, donde realizo mi curso de los Hautes Etudes, cuando dan a mi teoría del psicoanálisis sus prolongaciones epistemológicas.
Pierre DAIX - ¿Cuáles son esos “desarrollos aberrantes” a los que usted se refiere?
Jacques LACAN - El arquetipo en Jung, la potencia anímica primaria, he aquí lo que fue excluido en su época por el propio Freud, lo que tiene mérito dada la calidad del adepto.
Cuando Freud alude al “corazón del ser”, lo hace para designar un límite de la exploración del inconsciente.
Lo que en la actualidad oscurece el pensamiento analítico es la misma confusión bajo una forma más sorda, porque está recubierta de un barniz “científico”.
La idea del desarrollo surgida de la práctica de los pedagogos, y que se jacta de las apariencias de la observación llamada behaviorista, procura un relleno barato de lo que se trataría de estrechar en su hiancia verdadera: la estructura de las transformaciones [revoluciones, revelaciones?] del deseo, la única susceptible de dar cuenta de sus regresiones.
He aquí una cruda exposición de la cuestión.
Esto supone una crítica de la noción de instinto ya innecesaria, por lo demás, en la actualidad, pero que sólo se impone por el hecho de que una vulgarización grosera y una traducción propiamente deshonesta hacen creer que Freud recurre al instinto, cuando en realidad no se trata propiamente de nada de esto.
Freud aporta bajo el nombre de Trieb algo absolutamente diferente. Desgraciadamente, el término pulsión es totalmente impropio para expresar [dar cuenta de] las resonancias ligadas al empleo en alemán de Trieb.
El Trieb, yo diría, cum grano salis: la deriva, es un verdadero montaje donde lo que es de fuente “orgánica” sólo aparece retomado, incorporado, en una estructura. Es el punto eminente que hay que poner de relieve en relación con este término.
Es aquí, más que nunca, donde la susodicha estructura exige una topología precisa en la cual puedan distinguirse y articularse la demanda y el deseo más allá de la necesidad.
Pierre DAIX - ¿De modo que cuando usted dice leer a Freud, no pide solamente una lectura del original y de todo el original, sino una lectura que capte el sentido del original, el sentido de las palabras de Freud?
Jacques LACAN - Sepa usted que Francia es el único, de los grandes países civilizados, que no posee una traducción completa y seria de la obra de Freud. La responsable de este estado de hecho es, en primer lugar, la princesa Marie Bonaparte que había instituido una especie de privilegio para las traducciones de Freud al francés. ¿Esta situación cambiará? Ha tenido consecuencias graves. Obstruyó los efectos que el descubrimiento de Freud debía obtener por el intermediario (le truchement) del campo de las letras que, sin embargo, se mostró en varios niveles tan abierto a su resonancia: los surrealistas sin duda, pero el propio Mauriac tampoco quedó al margen.
Cuando se lee, escrito por la pluma de un hombre como Gide, que estaba lo suficientemente advertido de estos problemas, que Freud es un imbécil de genio, uno se ve obligado a decir que Gide sólo conoció de Freud a intérpretes que eran, ellos sí, imbéciles, pero sin genio. Ahora, las Letras saben a qué atenerse. Y este es quizás todo el sentido –en todo caso el sentido más seguro– en que adquiere sus derechos el uso de la palabra estructuralismo.
Pierre DAIX - Quería, justamente, preguntarle lo que usted piensa del estructuralismo, ya que tanto se escribe aquí y allá que usted es estructuralista, y que habría una especie de conjura estructural conducida por Lévi-Strauss, Foucault...
Jacques LACAN - ... Althusser, Barthes y yo. ¡Sí, ya lo sé!
Dejemos de lado en primer lugar el término conjura, ya que primero habría que saber contra qué estaría tramada. No puedo silenciar aquí mi impresión acerca de un cierto número de la revista L’Arc que encuentro de muy mal gusto. Sólo he estudiado de manera muy incidental, es decir, accidental, el pensamiento de Sartre, y únicamente al nivel de su ética.
Si él permitió a la sociedad francesa de la postguerra recomponerse, no es este el momento de seguir la discusión, y por lo que se refiere a su pensamiento, es del tipo de pensamiento al que yo no debo nada, sea cual sea el placer, y muy vivo a veces, que puedo experimentar con alguno de sus análisis.
Esto me deja al margen de entrar en esa amalgama –digamos algo fraudulenta– que se quiere hacer de un antisartrismo, y de la que lo menos que se puede decir es que algunos de sus pretendidos partidarios no eran, en el momento del ascenso de Sartre, precisamente unos niños.
Dejemos pues esta ficción librada a su suerte, y limitémonos a lo que liga entre sí a estos conjurados, aún más ridículamente denunciados como cábala de los devotos.
Acabo de decir a qué estructuras calificadas y verificables se refiere mi estructuralismo. Estas no carecen de conexión con las que motivan el estructuralismo de Claude Lévi-Strauss. Pero justamente porque hay ahí referencias, perfectamente reconocibles en su distinción, es claro que Claude Lévi-Strauss y yo sólo estamos unidos por una posición puramente analógica, cada uno en nuestro campo.
No estamos conjurados por la razón de que no podemos mutuamente aportarnos ninguna ayuda, fuera de la de la amistad.
Que de esas referencias a los campos cuya estructura nosotros revelamos, Michel Foucault extraiga su filosofía, esa es otra operación que él prosigue en total independencia y que no compromete a los precedentes, aún cuando uno de ellos, yo mismo, pueda en su seminario encontrar con su presencia ocasión de debatir con él.
El hecho de que Althusser y Roland Barthes encuentren allí sustancia e instrumentos para aclarar sus propios caminos, es simplemente un signo de su apertura y de su acuidad. Puesta a prueba para mi lateral, que sólo extrae sanción de su problemática.
El estructuralismo no es un color, precisamente por razones estructurales, ni ninguna de esas formas de manchas que progresas por difusión.
Por eso me opongo, finalmente, al empleo de ese término del que nada dice que no será desviado para los usos de un humanismo húmedo.
[1] Lacan se refiere a los estudiantes de la École Normale Supérieur, que a través de Althusser habían entrado en contacto con la enseñanza de Lacan desde 1964, e iban a su seminario. Los mismos promovían los estudios epistemológicos y la revista Cahiers pour l’Analyse, de la que llegaron a publicarse 10 números es un reflejo de este trabajo del llamado Cercle d’épistémologie de la ENS. Entre sus componentes más conocidos encontramos a Alain BADIOU, Jacques-Alain MILLER, Jean-Claude MILNER, François REGNAULT, todos ellos muy influenciados por la figura de Georges CANGUILHEM.
Juan Bauzá.
Pierre DAIX - La colección que usted dirige en editions du Seuil se denomina El campo freudiano. La referencia a Freud es constante en esa recopilación-selección de sus Escritos que acaba de publicarse. Así, la primera pregunta que quisiera formularle es la siguiente: ¿Cómo se sitúa en relación con Freud?
Jacques LACAN - Quiero afirmar claramente y desde el principio que todo lo que he escrito está enteramente determinado en primer término por la obra de Freud, y este es el primer título al que aspiro: ser alguien que ha leído a Freud con todo el cuidado que su obra merece. Por supuesto, he leído además a otros autores, pero de una manera que en absoluto sería comparable: a Hegel, por ejemplo. ¡En qué forma se me habrá leído a mí mismo para llegar a creer que me sometía a su sistema, cuando éste sólo era para mí un mecanismo para contrariar los delirios de la identificación!
Pero, volvamos a Freud. Cuanto más lo leo, más impresionado me siento por su consistencia, o más simplemente, digamos por su coherencia lógica. Hay en su obra una lógica, que, por mi parte, yo trato de expresar por medio de letras y símbolos, con un rigor comparable a las expresiones de la nueva lógica matemática con Bourbaki. ¿Qué ocurre cuando surge un hecho científico, un hecho que no concuerda con las fórmulas anteriores de las que se dispone hasta ese momento? Un hecho científico sólo nace si se pone a prueba una categoría existente, a saber, en un contexto de categorías ya existente. Si no hay sistema preexistente, no hay hecho, ni desmentido. Un hecho nuevo implica, de algún modo, una nueva estructura. El inconsciente es un hecho nuevo que comporta una estructura nueva e implica un desmentido de la antigua estructura sujeto-objeto.
Ahora bien, el verdadero alcance de eso nuevo que aportaba Freud superaba infinitamente lo que estaban en condiciones de leer, en definitiva lo que podían leer las personas a las cuales podía dirigirse en aquel momento y también después. ¿Quiénes formaban este público? Estaba compuesto esencialmente por médicos, por terapeutas preocupados por comprender desde el punto de vista de una ideología patogenética los oscuros movimientos cuya existencia constataban asimismo oscuramente en sus pacientes. Esta actitud era ciertamente en esos tiempos primitivos del psicoanálisis muy loable, pero la formación médica no era, y, como tal, nunca es, con sus intereses y su tradición, digamos, humanista, la más apropiada para introducirse en la dimensión propia del psicoanálisis. El hecho de que sean lingüistas y lógicos quienes por su formación original estén en mejores condiciones de hacerlo indica suficientemente el sentido en que debería ir una formación del psicoanalista adecuada a lo que podría esperarse de su trabajo, y para el caso del médico que quisiera dedicarse al mismo en qué sentido debería ser completada su formación médica.
¿Por qué en la actualidad la difusión de Freud es lo que es, hasta el punto de que incluso aquellos pretendidos psicoanalistas que no se reclaman de él, no pueden pasar de un recurso a sus términos, meramente verbal, en el mal sentido de la palabra? El problema consiste precisamente en que la mayoría de los psicoanalistas no saben por qué son de este modo siervos de su texto, cuando en realidad ponen bajo las palabras de Freud cualquier cosa, es decir, lo que hacen es dar cualquier significado imaginarizado por ellos a los términos de Freud, o más bien habría que decir: el significado corriente que se les daba antes de Freud, precisamente el significado que Freud devaluó, y que devalúa ahora el significado freudiano si se sigue recurriendo al significado anterior. En fin, que es fácil colar la falsa moneda.
No es casual que los psicoanalistas de hoy tengan una mayor aversión por el inconsciente, ya que no saben donde y cómo ubicarlo en su sistema, el mismo sistema antiguo anterior al cuestionamiento freudiano que afecta a bastantes cosas. Esto es comprensible, el inconsciente no pertenece, y así pues no es sumergible en él, al “espacio euclidiano”, hay que construirle un espacio apropiado, y es lo que estoy haciendo ahora. Eso, los psicoanalistas a quienes no ha rozado mi enseñanza no lo saben, y, por consiguiente, lo desconocen, entonces, prefieren, deben, recurrir –sólo disponen de eso- a nociones tales como el yo, el superyó, etc., que ciertamente se encuentran en Freud, pero que son igualmente homónimas de nociones que se utilizan desde hace mucho tiempo, de manera que el usarlas permite regresar implícitamente a sus antiguas acepciones.
No olvide usted que la primera generación de psicoanalistas se encontraban en la situación de tener que hacerse reconocer para poder trabajar. Estos médicos tienen su mérito. Tuvieron una especie de percepción de la novedad del freudismo y fueron cautivados por el uso de un instrumento eminentemente operativo que iba en contra de toda la formación que habían recibido, tanto en el liceo como en la facultad de medicina, algo dentro de ellos se rebelaba oscuramente frente a esa formación y era eso lo que de manera ambivalente les atraía al psicoanálisis, con todas las consecuencias de esta formación de compromiso. Hicieron, de algún modo sin saberlo (à son insu, malgré eux), un esfuerzo de exégesis y propaganda, torpe como ocurre generalmente en estos casos, para poner en circulación las categorías de Freud y hacerlas aceptables para el gran público y para el pequeño público de sus colegas médicos o universitarios, a partir de lo que habían percibido más o menos vagamente del campo inaudito que esas categorías les abrían. Pero, al aplicarse a hacerlas admisibles, digeribles para el público en general, pero también para ellos mismos, han tenido la tendencia y la tentación de sustituir el aparato científico montado por Freud por el aparato filosófico, médico-terapéutico, anterior, y concretamente a revisar el de Freud para encerrarlo de nuevo, hacerlo volver al redil de la antigua relación sujeto-objeto, y se ha continuado en esa dirección. Esta “adaptación” ha conducido a diversos desarrollos aberrantes.
Lo que estoy haciendo ahora es epistemología. Usted ve que no están tan errados los estudiantes normalianos[1] de la rue d’Ulm, donde realizo mi curso de los Hautes Etudes, cuando dan a mi teoría del psicoanálisis sus prolongaciones epistemológicas.
Pierre DAIX - ¿Cuáles son esos “desarrollos aberrantes” a los que usted se refiere?
Jacques LACAN - El arquetipo en Jung, la potencia anímica primaria, he aquí lo que fue excluido en su época por el propio Freud, lo que tiene mérito dada la calidad del adepto.
Cuando Freud alude al “corazón del ser”, lo hace para designar un límite de la exploración del inconsciente.
Lo que en la actualidad oscurece el pensamiento analítico es la misma confusión bajo una forma más sorda, porque está recubierta de un barniz “científico”.
La idea del desarrollo surgida de la práctica de los pedagogos, y que se jacta de las apariencias de la observación llamada behaviorista, procura un relleno barato de lo que se trataría de estrechar en su hiancia verdadera: la estructura de las transformaciones [revoluciones, revelaciones?] del deseo, la única susceptible de dar cuenta de sus regresiones.
He aquí una cruda exposición de la cuestión.
Esto supone una crítica de la noción de instinto ya innecesaria, por lo demás, en la actualidad, pero que sólo se impone por el hecho de que una vulgarización grosera y una traducción propiamente deshonesta hacen creer que Freud recurre al instinto, cuando en realidad no se trata propiamente de nada de esto.
Freud aporta bajo el nombre de Trieb algo absolutamente diferente. Desgraciadamente, el término pulsión es totalmente impropio para expresar [dar cuenta de] las resonancias ligadas al empleo en alemán de Trieb.
El Trieb, yo diría, cum grano salis: la deriva, es un verdadero montaje donde lo que es de fuente “orgánica” sólo aparece retomado, incorporado, en una estructura. Es el punto eminente que hay que poner de relieve en relación con este término.
Es aquí, más que nunca, donde la susodicha estructura exige una topología precisa en la cual puedan distinguirse y articularse la demanda y el deseo más allá de la necesidad.
Pierre DAIX - ¿De modo que cuando usted dice leer a Freud, no pide solamente una lectura del original y de todo el original, sino una lectura que capte el sentido del original, el sentido de las palabras de Freud?
Jacques LACAN - Sepa usted que Francia es el único, de los grandes países civilizados, que no posee una traducción completa y seria de la obra de Freud. La responsable de este estado de hecho es, en primer lugar, la princesa Marie Bonaparte que había instituido una especie de privilegio para las traducciones de Freud al francés. ¿Esta situación cambiará? Ha tenido consecuencias graves. Obstruyó los efectos que el descubrimiento de Freud debía obtener por el intermediario (le truchement) del campo de las letras que, sin embargo, se mostró en varios niveles tan abierto a su resonancia: los surrealistas sin duda, pero el propio Mauriac tampoco quedó al margen.
Cuando se lee, escrito por la pluma de un hombre como Gide, que estaba lo suficientemente advertido de estos problemas, que Freud es un imbécil de genio, uno se ve obligado a decir que Gide sólo conoció de Freud a intérpretes que eran, ellos sí, imbéciles, pero sin genio. Ahora, las Letras saben a qué atenerse. Y este es quizás todo el sentido –en todo caso el sentido más seguro– en que adquiere sus derechos el uso de la palabra estructuralismo.
Pierre DAIX - Quería, justamente, preguntarle lo que usted piensa del estructuralismo, ya que tanto se escribe aquí y allá que usted es estructuralista, y que habría una especie de conjura estructural conducida por Lévi-Strauss, Foucault...
Jacques LACAN - ... Althusser, Barthes y yo. ¡Sí, ya lo sé!
Dejemos de lado en primer lugar el término conjura, ya que primero habría que saber contra qué estaría tramada. No puedo silenciar aquí mi impresión acerca de un cierto número de la revista L’Arc que encuentro de muy mal gusto. Sólo he estudiado de manera muy incidental, es decir, accidental, el pensamiento de Sartre, y únicamente al nivel de su ética.
Si él permitió a la sociedad francesa de la postguerra recomponerse, no es este el momento de seguir la discusión, y por lo que se refiere a su pensamiento, es del tipo de pensamiento al que yo no debo nada, sea cual sea el placer, y muy vivo a veces, que puedo experimentar con alguno de sus análisis.
Esto me deja al margen de entrar en esa amalgama –digamos algo fraudulenta– que se quiere hacer de un antisartrismo, y de la que lo menos que se puede decir es que algunos de sus pretendidos partidarios no eran, en el momento del ascenso de Sartre, precisamente unos niños.
Dejemos pues esta ficción librada a su suerte, y limitémonos a lo que liga entre sí a estos conjurados, aún más ridículamente denunciados como cábala de los devotos.
Acabo de decir a qué estructuras calificadas y verificables se refiere mi estructuralismo. Estas no carecen de conexión con las que motivan el estructuralismo de Claude Lévi-Strauss. Pero justamente porque hay ahí referencias, perfectamente reconocibles en su distinción, es claro que Claude Lévi-Strauss y yo sólo estamos unidos por una posición puramente analógica, cada uno en nuestro campo.
No estamos conjurados por la razón de que no podemos mutuamente aportarnos ninguna ayuda, fuera de la de la amistad.
Que de esas referencias a los campos cuya estructura nosotros revelamos, Michel Foucault extraiga su filosofía, esa es otra operación que él prosigue en total independencia y que no compromete a los precedentes, aún cuando uno de ellos, yo mismo, pueda en su seminario encontrar con su presencia ocasión de debatir con él.
El hecho de que Althusser y Roland Barthes encuentren allí sustancia e instrumentos para aclarar sus propios caminos, es simplemente un signo de su apertura y de su acuidad. Puesta a prueba para mi lateral, que sólo extrae sanción de su problemática.
El estructuralismo no es un color, precisamente por razones estructurales, ni ninguna de esas formas de manchas que progresas por difusión.
Por eso me opongo, finalmente, al empleo de ese término del que nada dice que no será desviado para los usos de un humanismo húmedo.
[1] Lacan se refiere a los estudiantes de la École Normale Supérieur, que a través de Althusser habían entrado en contacto con la enseñanza de Lacan desde 1964, e iban a su seminario. Los mismos promovían los estudios epistemológicos y la revista Cahiers pour l’Analyse, de la que llegaron a publicarse 10 números es un reflejo de este trabajo del llamado Cercle d’épistémologie de la ENS. Entre sus componentes más conocidos encontramos a Alain BADIOU, Jacques-Alain MILLER, Jean-Claude MILNER, François REGNAULT, todos ellos muy influenciados por la figura de Georges CANGUILHEM.
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