martes, 28 de octubre de 2014

PATERNIDAD



Fantasía de la mujer que baila, y del viejo
que es su padre y una vez la tuvo en la sangre
y la hizo una noche, gozando en un lecho, desnudo.
Ella se apura por llegar a tiempo para desvestirse
y allí hay otros viejos que esperan. Todos
le devoran, cuando ella salta en el baile, la fuerza
de las piernas con los ojos, pero los viejos tiemblan.
Casi desnuda está la chica. Y los jóvenes miran
con sonrisas, y alguno querría estar desnudo.

Se parecen todos a su padre los viejos entusiastas
y son todos, vacilantes, un resto de cuerpo
que ha gozado otros cuerpos. También los jóvenes un día
serán padres, y la mujer es para todos una sola.
Ha ocurrido en silencio. Una alegría profunda
invade la oscuridad delante de la joven viva.
Todos los cuerpos no son más que un cuerpo, uno solo
que se mueve clavando las miradas de todos.

Esta sangre, que recorre los miembros firmes
de la joven, es la que se hiela en los viejos;
y su padre que fuma en silencio, acalorado,
no salta, pero él ha hecho a la hija que baila.
Hay un perfume y un estallido en el cuerpo de ella
que es el mismo en el viejo, y en los viejos. En silencio
fuma el padre y espera que vuelva, vestida.
Todos esperan, jóvenes y viejos, y la miran fijo;
y cada uno, bebiendo solo, volverá a pensar en ella.

CESARE PAVESE


martes, 30 de septiembre de 2014

SOMOS NUESTROS PROPIOS DEMONIOS

James Joyce le escribía a Nora, en 1904:
"Ahora me escribes y me preguntas qué demonios me pasaba la otra noche. Me mirabas como si estuvieras triste por algo que no había ocurrido y que habría podido gustarte"
A quién no le ocurrió alguna vez, o muchas veces, ser malinterpretado, ser objeto de un malentendido. Alguien que malinterpreta una frase, algún pasaje alguna carta, algún silbido de noche, algún encuentro, como si el recuerdo de ese encuentro lo turbara.
Continúa: "Anoche te hablé sarcásticamente, pero hablaba del mundo, no de ti. Soy enemigo de la bajeza y la esclavitud de la gente, no de ti. ¿No puedes advertir la sencillez que hay detrás de todos mis disfraces?"
A quién no le ocurrió alguna vez creerse "el mundo" y luego darse cuenta que el mundo es siempre más grande que uno y no puedo ingresar en él sino como vagabundo.
Cuando me encuentro con el otro que amo, por ejemplo, me siento fascinado. No logro clasificarlo porque es único para mí. Algo así como la imagen que responde a la especificidad de mi deseo. No puede ser nombrado por nada que ya esté nombrado, es absolutamente nuevo. Sin embargo, seguramente hemos amado y amaremos muchas veces en la vida, pero existe un rasgo común, por especial que sea mi deseo.
Ese a quien amo no tiene descripción ni definición, es alguien que, según R. Barthes hace temblar el mismo lenguaje. No puedo hablar de él ni sobre él. Todo atributo es falso porque es incalificable. Luego, me doy cuenta que tal originalidad no es ni el otro ni yo mismo, sino la relación. La originalidad de la relación es lo que se debería poder conquistar.
Otro ejemplo sería: cuando me siento herido por algo, esas heridas en realidad me vienen de aquello que clasifico empecinadamente, de lo que defino, es decir, del estereotipo.
Sin embargo estoy obligado a hacerme el enamorado como todo el mundo: de vez en cuando ponerme celoso, sentirme abandonado, frustrado. Pero cuando la relación es original, todo esto definible (fui abandonado), es eliminado, pues no tienen espacio, es una relación sin lugar. Es decir, por buscar la iluminación en el otro término perdiéndome la luz.
Nadie puede imaginar un mundo en el que el deseo dejara de turbamos definitivamente. Tendríamos que ponemos cada día un fin y el medio para llegar a esos fines en todos los casos es el trabajo. Sin trabajo ni siquiera existe el otro, la relación. No tengo con quién relacionarme. Esperar tener los medios para llegar al fin, es no llegar nunca al fin. La vida no puede ser reducida a los medios que la hacen posible, esto forma parte de la razón y el deseo siempre desafía a la razón.
La esencia del hombre siempre se basó en la sexualidad, no en la razón. Esto nos planta en la ambigüedad de la vida humana. Al respecto dice G. Bataille: "La violencia del deseo se halla en lo más hondo de mi corazón y al mismo tiempo esta violencia es el corazón de la muerte, se abre en mí."
Joyce concluye la carta: "¿Dónde estarás el sábado, el domingo, el lunes por la noche, para que no pueda verte?"


miércoles, 24 de septiembre de 2014

GERMÁN PARDO GARCÍA

PARAISO PERDIDO

Fui en esa casa el hijo bienamado.
Cuando los otros niños se alejaban
a cazar mariposas en el bosque,
yo quedaba en silencio, paralítico,
cual otra mariposa aprisionada
bajo la intimidad de una alacena.
Viví a la orilla del sepulcro, oyendo
devorarse a sí misinos los gusanos,
y adquirí desde entonces un sentido
larval de la existencia y de las cosas.
Al que la muerte besa desde niño,
será siempre un cadáver transeúnte.
Mi padre me acunaba y me decía:
¿cuándo vas a volar, hijo del aire?
Y al fin abrí las alas dolorosas.

Hoy tengo setenta años. Ya no existe
mi padre; y en la casa, único huésped,
el frío lastimero la transita.
Mas he vuelto y clamado: soy el águila
que retorna a morir donde naciera.

Estos muros son míos. Estas ruinas
por derecho natal me pertenecen.
Mi padre me las dio en su testamento,
y a la vez un turpial y un gallo mudo.
Yo soy el albañil de estas paredes
y el mezclador de cal y el hortelano.

Y quise entrar, sentarme en esos quicios,
comer lo que sobrara de esas frutas
y restaurar las duelas amarillas.
Mas un ángel nocturno v silencioso,
bajo la faz de un perro amenazante,
desnudó las espadas de sus dientes
y me negó la entrada al paraíso.

jueves, 28 de agosto de 2014

EN TI PENSABA

En ti pensaba, en tus cabellos
Que el mundo de la sombra envidiaría,
Y puse un punto de mi vida en ellos
Y quise yo soñar que tú eras mía.

Ando yo por la tierra con los ojos
Alzados -¡oh, mi afán!- a tanta altura
Que en ira altiva o míseros sonrojos
Encendiólos la humana criatura.

Vivir: -saber morir-; así me aqueja
Este infausto buscar, este bien fiero,
Y todo el Ser en mi alma se refleja,
Y buscando sin fe, de fe me muero.

JOSE MARTI
1974 - BUENOS AIRES
EDITORIAL REVISTA “GRUPO CERO” Nº 0
1. ¿El psicoanálisis tarde o temprano recurre a la poesía?
Para la poesía no fue necesario.
2. ¿El psicoanálisis en su práctica supone un contrato con la cultura?
La poesía siempre es un acto contracultural, se acerca a la naturaleza, tiene que ver con el hombre.
3. ¿Al psicoanalista se le exige dedicación?
Al poeta se le exige dedicación y talento.
4. ¿Palabras que tarde o temprano reconstruirán una imagen primitiva?
Palabras que tarde o temprano construirán una nueva imagen.

5. ¿Experiencia en donde a nadie se le rompe definitivamente el corazón?
Si todo está destruido cuando se comienza, no caben dudas, la posibilidad es poética.
6. ¿Entre la psicosis y la poesía existe un abismo?
Para la poesía el mito es su entretenimiento y no su destino.
7. ¿El psicoanálisis permite optar?
La poesía no da alternativas.
8. ¿Un buen psicoanalista tarde o temprano gana el dinero suficiente como para pervertir su bondad?
Los buenos poetas no existen; la condición esencial para el ejercicio poético es la crueldad.
9. ¿Al psicoanalista se le pide siempre lo mismo, represión?
Cuando la poesía estalla en mí, lo reconozco, soy un placer infinito.
10. ¿El psicoanalista tiene salvación?
La poesía sabe de su esclavitud. La salvación no tiene sentido.


Dibujo original de Miguel Oscar Menassa (D3116)

martes, 15 de abril de 2014

COMO UN DESEO


Como un deseo,
y nadie sabe si será de silencio
o de perfume.
Como un impulso,
y nadie sabe si lo proporcionan las hormigas,
las nubes de la noche, las yeguas locas.
Como un enigma,
y nadie sabe si le corresponde a Dios,
al hombre , al polvo,
resolverlo.
Como un prólogo,
y nadie sabe si le seguirán los frutos,
las palabras, los reproches disimulados.
Como una ciencia
y nadie sabe a quién corresponde,
útil o caprichosa
o mil veces contradictoria.
Como un asombro,
y nadie sabe si existe alguien
para asombrarse, para ser feliz,
para determinar las grandes desgracias.
Como una ley,
y nadie sabe si hay que proferirla,
callarla, escribirla de nuevo
o llevarle cada mañana máscaras nuevas.

Alain Bosquet