miércoles, 22 de abril de 2015

DIA MUNDIAL DEL LIBRO Y DEL DERECHO DE AUTOR


DIA MUNDIAL DEL LIBRO Y DEL DERECHO DE AUTOR (proclamado por la UNESCO en 1995, fecha elegida en recuerdo del día en que murió don MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA autor del QUIJOTE


Picasso: Don Quijote, 1955
“Siempre pienso que una de las cosas felices que me han ocurrido en la vida es haber conocido a Don Quijote.”

Hoy se celebra el día del idioma español o castellano  (como prefieras) que razones hay en uno y otro sentido. La fecha nos trae el recuerdo de Don Miguel de Cervantes Saavedra, quien murió en Madrid el 23 de abril de 1616.
En homenaje a su irrepetible  “Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, aquí el hermoso poema que  León Felipe le dedicara y del que Joan Manuel Serrat  realizó una muy acertada versión musicalizada.
VENCIDOS

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.

Y ahora ociosa y abollada va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero, sin peto y sin espaldar,
va cargado de amargura,
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar.
Va cargado de amargura,
que allá «quedó su ventura»
en la playa de Barcino, frente al mar.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar.
Va cargado de amargura,
va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.

¡Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura,
en horas de desaliento así te miro pasar!
¡Y cuántas veces te grito: Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura,
caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar!
(Tábara 1884 -México 1968)

ANTONIO MACHADO

XCI
Húmedo está, bajo el laurel, el banco
de verdinosa piedra;
lavó la lluvia, sobre el muro blanco,
las empolvadas hojas de la hiedra.
Del viento del otoño el tibio aliento
los céspedes undula, y la alameda
conversa con el viento...
¡el viento de la tarde en la arboleda!
Mientras el sol en el ocaso esplende
que los racimos de la vid orea,
y el buen burgués, en su balcón enciende
la estoica pipa en que el tabaco humea,
voy recordando versos juveniles...
¿Qué fue de aquel mi corazón sonoro?
¿Será cierto que os vais, sombras gentiles,
huyendo entre los árboles de oro?


domingo, 5 de abril de 2015

LA POESÍA ALCANZA PARA TODOS. EL POETA NO CUMPLE SU PALABRA SI NO CAMBIA LOS NOMBRES DE LAS COSAS. (Nicanor Parra)
OCTAVIO PAZ
Nació el 31 de marzo de 1914 en Ciudad de México, donde murió el 19 de abril de 1998.
EL CÁNTARO ROTO
La mirada interior se despliega y un mundo de vértigo y llama nace bajo la frente del que sueña:
soles azules, verdes remolinos, picos de luz que abren astros como granadas,
tornasol solitario, ojo de oro girando en el centro de una explanada calcinada,
bosques de cristal de sonido, bosques de ecos y respuestas y ondas, diálogo de transparencias,
¡viento, galope de agua entre los muros interminables de una garganta de azabache,
caballo, cometa, cohete que se clava justo en el corazón de la noche, plumas, surtidores,
plumas, súbito florecer de las antorchas, velas, alas, invasión de lo blanco,
pájaros de las islas cantando bajo la frente del que sueña!
Abrí los ojos, los alcé hasta el cielo y vi cómo la noche se cubría de estrellas.
¡Islas vivas, brazaletes de islas llameantes, piedras ardiendo, respirando, racimos de piedras vivas,
cuánta fuente, qué claridades, qué cabelleras sobre una espalda oscura,
cuánto río allá arriba, y ese sonar remoto de agua junto al fuego, de luz contra la sombra!
Harpas, jardines de harpas.
Pero a mi lado no había nadie.
Sólo el llano: cactus, huizaches, piedras enormes que estallan bajo el sol.
No cantaba el grillo,
había un vago olor a cal y semillas quemadas,
las calles del poblado eran arroyos secos
y el aire se habría roto en mil pedazos si alguien hubiese gritado: ¿quién vive?
Cerros pelados, volcán frío, piedra y jadeo bajo tanto esplendor, sequía, sabor de polvo,
rumor de pies descalzos sobre el polvo, ¡y el pirú en medio del llano como un surtidor petrificado!
Dime, sequía, dime, tierra quemada, tierra de huesos remolidos, dime, luna agónica,
¿no hay agua,
hay sólo sangre, sólo hay polvo, sólo pisadas de pies desnudos sobre la espina,
sólo andrajos y comida de insectos y sopor bajo el mediodía impío como un cacique de oro?
¿No hay relinchos de caballos a la orilla del río, entre las grandes piedras redondas y relucientes,
en el remanso, bajo la luz verde de las hojas y los gritos de los hombres y las mujeres bañándose al alba?
El dios-maíz, el dios-flor, el dios-agua, el dios-sangre, la Virgen,
¿todos se han muerto, se han ido, cántaros rotos al borde de la fuente cegada?
¿Sólo está vivo el sapo,
sólo reluce y brilla en la noche de México el sapo verduzco,
sólo el cacique gordo de Cempoala es inmortal?
Tendido al pie del divino árbol de jade regado con sangre, mientras dos esclavos jóvenes lo abanican,
en los días de las grandes procesiones al frente del pueblo, apoyado en la cruz: arma y bastón,
en traje de batalla, el esculpido rostro de sìlex aspirando como un incienso precioso el humo de los fusilamientos,
los fines de semana en su casa blindada junto al mar, al lado de su querida cubierta de joyas de gas neón,
¿sólo el sapo es inmortal?
He aquí a la rabia verde y fría y a su cola de navajas y vidrio cortado,
he aquí al perro y a su aullido sarnoso,
al maguey taciturno, al nopal y al candelabro erizados, he aquí a la flor que sangra y hace sangrar,
la flor de inexorable y tajante geometría como un delicado instrumento de tortura,
he aquí a la noche de dientes largos y mirada filosa, la noche que desuella con un pedernal invisible,
oye a los dientes chocar uno contra otro,
oye a los huesos machacando a los huesos,
al tambor de piel humana golpeado por el fémur,
al tambor del pecho golpeado por el talón rabioso,
al tam-tam de los tímpanos golpeados por el sol delirante,
he aquí al polvo que se levanta como un rey amarillo y todo lo descuaja y danza solitario y se derrumba
como un árbol al que de pronto se le han secado las raíces, como una torre que cae de un solo tajo,
he aquí al hombre que cae y se levanta y come polvo y se arrastra,
al insecto humano que perfora la piedra y perfora los siglos y carcome la luz,
he aquí a la piedra rota, al hombre roto, a la luz rota.
¿Abrir los ojos o cerrarlos, todo es igual?
Castillos interiores que incendia el pensamiento porque otro más puro se levante, sólo fulgor y llama,
semilla de la imagen que crece hasta ser árbol y hace estallar el cráneo,
palabra que busca unos labios que la digan,
sobre la antigua fuente humana cayeron grandes piedras,
hay siglos de piedras, años de losas, minutos espesores sobre la fuente humana.
Dime, sequía, piedra pulida por el tiempo sin dientes, por el hambre sin dientes,
polvo molido por dientes que son siglos, por siglos que son hambres,
dime, cántaro roto caído en el polvo, dime,
¿la luz nace frotando hueso contra hueso, hombre contra hombre, hambre contra hambre,
hasta que surja al fin la chispa, el grito, la palabra,
hasta que brote al fin el agua y crezca el árbol de anchas hojas de turquesa?
Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos,
soñemos sueños activos de río buscando su cauce, sueños de sol soñando sus mundos,
hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros,
cantar hasta que el sueño engendre y brote del costado del dormido la espiga roja de la resurrección,
el agua de la mujer, el manantial para beber y mirarse y reconocerse y recobrarse,
el manantial para saberse hombre, el agua que habla a solas en la noche y nos llama con nuestro nombre,
el manantial de las palabras para decir yo, tú, él, nosotros, bajo el gran árbol viviente estatua de la lluvia,
para decir los pronombres hermosos y reconocernos y ser fieles a nuestros nombres
hay que soñar hacia atrás, hacia la fuente, hay que remar siglos arriba,
más allá de la infancia, más allá del comienzo, más allá de las aguas del bautismo,
echar abajo las paredes entre el hombre y el hombre, juntar de nuevo lo que fue separado,
vida y muerte no son mundos contrarios, somos un solo tallo con dos flores gemelas,
hay que desenterrar la palabra perdida, soñar hacia dentro y también hacia afuera,
descifrar el tatuaje de la noche y mirar cara a cara al mediodía y arrancarle su máscara,
bañarse en luz solar y comer los frutos nocturnos, deletrear la escritura del astro y la del río,
recordar lo que dicen la sangre y la marea, la tierra y el cuerpo, volver al punto de partida,
ni adentro ni afuera, ni arriba ni abajo, al cruce de caminos, adonde empiezan los caminos,
porque la luz canta con un rumor de agua, con un rumor de follaje canta el agua
y el alba está cargada de frutos, el día y la noche reconciliados fluyen como un río manso,
el día y la noche se acarician largamente como un hombre y una mujer enamorados,
como un solo río interminable bajo arcos de siglos fluyen las estaciones y los hombres,
hacia allá, al centro vivo del origen, más allá de fin y comienzo.

viernes, 27 de marzo de 2015

Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles
Por Aldo Pellegrini

Publicado en Poesía = Poesía Nº 9 Agosto de 1961, Buenos Aires


La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.
Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema actitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.
Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.
Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. Es ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada "poesía oficial", poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco.
La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder.
Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino participa de ella misma.
La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tiene el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad.
La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.

sábado, 14 de marzo de 2015

PSICOANÁLISIS Y POESÍA – MARZO 2015-

 “Ningún puente es pensable, hay que saltar, este salto es el guardián y la prueba del umbral analítico”. “Pienso donde no soy, soy donde no pienso” Jacques Lacan

En la trayectoria de una cura, la causa puede identificarse con lo que queda por decir.
El ser de cada uno de nosotros se constituye. Por eso decimos que en análisis el hombre no progresa, cambia.
Un psicoanalista tiene que arreglar el mundo psíquico del paciente, e interpretar los deseos inconscientes que se juegan en la vida y en las relaciones del paciente. No tiene que arreglar la vida del paciente, eso lo tiene que hacer el paciente. El paciente con toda la información sobre sí, con esa verdad sobre su propia vida, todavía tendrá que transformar su vida.
No es el psicoanalista el que transforma la vida del paciente, es una decisión del paciente.
Desde el escrito anterior, venimos trabajando todo aquello que se opone al trabajo terapeútico, es decir al esclarecimiento de los síntomas y a la progresión de la cura.
Vimos el concepto de resistencia, como todo aquello que en los actos y palabras del analizado se opone al acceso de éste a su inconsciente.
Al principio Freud intentó vencer este obstáculo mediante la insistencia, (fuerza de sentido opuesto a la resistencia) y la persuasión, antes de reconocer en él un medio de acceso a lo reprimido y al secreto de la neurosis, en efecto, en la resistencia y la represión se ven actuar las mismas fuerzas. En este sentido, todo el avance de la técnica analítica ha consistido en una apreciación más justa de la resistencia, es decir, del hecho clínico, que no basta comunicar a los pacientes el sentido de sus síntomas para que desaparezca la represión.
Es sabido que Freud consideró como características específicas de su técnica, la interpretación de la resistencia y la de la transferencia. Es más, la transferencia, debe considerarse en parte como una resistencia, en la medida en que reemplaza el recuerdo verbalizado por la repetición actuada, a esto debe añadirse que la resistencia utiliza la transferencia, pero no la constituye.
Encontramos aquí dos elementos de explicación: la resistencia viene regulada por su distancia respecto a lo reprimido, por otra parte, corresponde a una función defensiva. Posteriormente se hace recaer el acento en la defensa ejercida por el yo. El inconsciente, es decir, lo reprimido, no opone ningún tipo de resistencia a los esfuerzos de la cura, de hecho, sólo tiende a vencer la presión que actúa sobre él y abrirse camino hacia la conciencia, o hacia la descarga mediante la acción real.
No obstante Freud se rehusó asimilar el fenómeno de la resistencia a los mecanismos de defensa inherentes a la estructura del yo. De este modo la pregunta era ¿qué resiste? Reconociendo como obstáculo último al trabajo analítico una resistencia radical.
Era necesario postular la existencia junto a la repetición de las necesidades, de una necesidad de la repetición, radicalmente distinta y más fundamental.
Aunque Freud reconoce que la compulsión a la repetición no puede detectarse en estado puro, sino que aparece siempre reforzada por motivos que obedecen al principio de placer, concederá cada vez mayor importancia a este concepto hasta el final de su obra y finalmente en un texto posterior “Inhibición, Síntoma y Angustia” -1926, ve en la compulsión a la repetición el tipo mismo de resistencia propia del inconsciente.
Con esto pone verdaderamente en tela de juicio, el predominio del principio de placer.
Así Freud, rompe con la idea de que el ser humano busca su bien. (continuará)

Lic. Lucía Serrano – Poeta y Psicoanalista.

Pedir entrevista: 4-749-6127- 15-5040-2292

sábado, 7 de marzo de 2015

ESTRATEGIAS DEL DESEO

Las palabras no pueden decir la verdad 
la verdad no es decible 
la verdad no es lenguaje hablado 
la verdad no es un dicho 
la verdad no es un relato 
en el diván del psicoanalista 
o en las páginas de un libro. 
Considera, pues, todo lo que hemos hablado tú y yo 
en noches en vela
en apasionadas tardes de café
- London, Astoria, Arlequín-
sólo como seducción
en el mismo lugar que las medias negras
y el liguero de encaje:
estrategias del deseo. 


CRISTINA PERI ROSSI

La llama doble: Octavio Paz

Octavio Paz, La llama doble. Amor y erotismo (México: Seix Barral, 2000)

La llama doble es un ensayo poético. Como el mismo Octavio Paz lo señala en el prólogo, este libro tiene relación con un poema que escribió anteriormente: Carta de creencia. La llama doble es el amor y el erotismo, asociados, por supuesto, a la sexualidad:

No hay amor sin erotismo como no hay erotismo sin sexualidad. Pero la cadena se rompe en sentido inverso: amor sin erotismo no es amor y erotismo sin sexo es impensable e imposible.
El nobel mexicano explora el sentimiento amoroso a través de la historia: "Los reinos de Pan", "Eros y Psiquis", "Prehistoria del amor", "La dama y la santa", "La plaza y la alcoba", entre otros. Por ejemplo, nos recuerda que el primer poema de amor es obra de Teócrito: La hechicera, escrito en el primer cuarto del siglo III a. de C., en él se cuenta la historia de un hombre, Delfis, que abandona a su amante, Simetha. Ella está muy enamorada y quiere que él regrese, así que planea, junto a Testilis (su sirvienta), un hechizo (el rito negro) para conseguir que vuelva. El estribillo que repiten mientras llevan a cabo el conjuro dice: pájaro mágico, devuélveme a mi amante, tráelo a mi casa. "El furor amoroso de Simetha, dice el escritor, parece inspirado por Pan, el dios sexual de pezuñas de macho cabrío, cuyo hálito sacude follajes y provoca el delirio de las hembras. Sexualidad pura". Simetha sufre "...la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura".

Una parte muy bella es cuando nos habla del ritual del amor cortés, nos dice que era una ficción poética, "una regla de conducta y una idealización de la realidad social. Así, es imposible saber cómo y hasta qué punto sus preceptos se cumplían. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los trovadores eran poetas de profesión y sus cantos expresaban no tanto una experiencia personal vivida como una doctrina ética y estética (...) Esas canciones, frescas como el amanecer, iluminarían a la lírica europea, de los ruiseñores de Shakespeare a las alondras de Lope de Vega".

El despliegue en este libro es enorme, pasamos por personajes de ficción y escritores, como Tristán e Isolda, Dante y Beatriz, Petrarca y Laura (que era antepasada del marqués de Sade), Donne, Quevedo, Lope de Vega, Ronsard, Julieta, Ofelia, Marco Antonio, Otelo, Balzac "y su galería de enamoradas y enamorados", la duquesa de Langeais, y muchos más, en una palabra: recorremos de su mano la historia de occidente. Al final expresa su poética, una síntesis, digamos, de todo lo que este estudio nos ofrece:

El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado. Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo. Apenas abrazamos esa forma, dejamos de percibirla como presencia y la asimos como una materia concreta, palpable, que cabe en nuestros brazos y que, no obstante, es ilimitada. Al abrazar a la presencia, dejamos de verla y ella misma deja de ser presencia. Dispersión del cuerpo deseado: vemos sólo unos ojos que nos miran, una garganta iluminada por la luz de una lámpara y pronto vuelta a la noche, el brillo de un muslo, la sombra que desciende del ombligo al sexo. Cada uno de estos fragmentos vive por sí solo pero alude a la totalidad del cuerpo. Ese cuerpo que, de pronto, se ha vuelto infinito. El cuerpo de mi pareja deja de ser una forma y se convierte en una substancia informe e inmensa en la que, al mismo tiempo, me pierdo y me recobro. Nos perdemos como personas y nos recobramos como sensaciones.

El tiempo del amor no es grande ni chico: es la percepción instantánea de todos los tiempos en uno solo, de todas las vidas en un instante.