martes, 6 de octubre de 2015

CHARLES BUKOWSKI



Los más raros


No es frecuente verlo
porque donde hay multitud
ellos
no están.
Esos tipos raros no son
muchos,
pero de ellos
provienen
los pocos
cuadros buenos
las pocas
buenas sinfonías
los pocos
buenos libros
y otras
obras.
Y de los
mejores de los
extraños
quizás
nada.
Ellos son
sus propias
pinturas
sus propios
libros
su propia
música
su propia
obra.
Aveces me parece
verlos
por ejemplo
cierto viejo
sentado en cierto
banco
de una cierta
manera
o
un rostro fugaz
en un automóvil
que pasa
en dirección
contraria
o
hay un cierto movimiento
en las manos
de un chico o una chica
que empaqueta
las cosas
en el supermercado.
Aveces
incluso es alguien
con quien estuviste
viviendo
algún tiempo,
te vas a dar cuente
de una mirada rápida
y luminosa
que nunca
le habías visto
antes.
Aveces
sólo notarás
su
existencia
repentinamente
en un
vívido
recuerdo.
Algunos meses
algunos años
después de que se hayan
ido.
Recuerdo
a uno:
Tenía unos
20 años
iba borracho a
las 10 de la mañana
se miraba en un
espejo
resquebrajado
de Nueva Orleans,
un rostro soñador
contra los
muros
del mundo
¿Qué
ha sido
de mí?.
PSICOANÁLISIS Y POESÍA
ADICCIONES – ALCOHOLISMO

                                                          “Mis camaradas de taberna desaparecen uno a uno,  víctimas inocentes del oculto golpe de la muerte. Todos fueron honestos bebedores, pero todos fallaron, dos rondas antes de la última, al no vaciar sus jarros.(Omar Khayaam - RUBAIYYAT)

En las adicciones hay un enmudecimiento del sujeto que por su acto silencia su palabra. Cualquier acto reiterado, lleva en su intención, ocultar nuestros interrogantes. Un ser lleno de preguntas que no encuentra respuestas. Repetir actos no es equivocarse, es más bien desconocer algo de nuestro psiquismo que nos tortura en su insistencia.
La causa de la repetición reside en la diferencia entre el placer obtenido y el buscado. Un cuerpo que no sabe lo que quiere, siempre quiere más. El exceso es habitual en el adicto.
El adicto ofrece su cuerpo a la muerte. El cuerpo en su enfermedad realiza una verdad concreta, un deseo imposible. El síntoma de ser un alcóholico, se forma como sustitución de algo que no ha conseguido manifestarse al exterior. Bajo el dominio del placer se repítelo desagradable. Lo que se repite es lo que no fue anteriormente placentero.
El objeto de estudio es el hombre y su historia, lo que le falta y lo que no le falta más allá de lo que logre por seguir buscando. Dirigir la cura no es dirigir la vida del paciente, por lo tanto los profesionales que asistan esta dolencia, no deberán esperar nada que el paciente no desee. Encontrar un estilo que de cuenta de la eficacia que acuerda con un sentido originario, no con convenciones sociales que hacen de un hombre una nada que acuerda con otra nada.
El objeto de la adicción pasa a formar parte concreta de la vida del adicto. Por ejemplo: el sujeto que tiene una impulsión a la bebida, está fijado a determinadas bebidas, tiene un vínculo y canaliza determinadas fantasías inconscientes en la botella y en todas las acciones toman, cómo y con quien y qué tipo de bebida eligen. Inicialmente el paciente pudo haber buscado nada más que consuelo, pero termina por usar o tratar de usar el efecto y esta dependencia en cierto momento se hace tan abrumadora como para anular todo otro interés.
Los alcohólicos  tratan de usar los efectos del alcohol, para satisfacer el arcaico anhelo oral que es al mismo tiempo anhelo sexual, una necesidad de seguridad y una necesidad de conservar la autoestima.
El origen y la naturaleza de la adicción no residen en el efecto químico de la droga, sino en la estructura psicológica del paciente. El placer logrado o la experiencia de placer, hace que la sexualidad genital, carezca para ellos de interés. Se quiebra la organización genital y se inicia una extraordinaria regresión. Los diversos puntos de fijación determinan cuales sectores de la sexualidad infantil pasarán a primer plano, y finalmente la libido queda transformada en una energía amorfa de tensión erótica sin características diferenciales o formas de organización.
La disposición a renunciar a toda forma de libido objetal, implica que estas personas nunca estimaron demasiado las relaciones de objeto. Se hallan fijados a una finalidad narcisista pasiva y solo muestran interés en el logro de su gratificación, nunca en satisfacer a sus partenaires.
Quizá la fascinación por la muerte, es la droga más antigua y básica de todas.
(continuará, así lo venimos haciendo, nuevas palabras marcan el rumbo de este transatlántico. 

Lic. Lucía Serrano – Psicoanalista
Consultorio en Tigre y en Capital

Pedir turno a los TE 15-5040-2292 y 4-749-6127

jueves, 10 de septiembre de 2015

Las Zonas Oscuras del lenguaje por Carlos Cuccaro

La capacidad de hacer poesía, vale decir de efectuar esa tangencialidad, ese desvío del lenguaje hacia sus límites y desenvolver en ellos una nueva comunicación es, tal vez , una de las aristas más extrañas y subyugantes de esa creación prometeica que hemos inventado como especie, y que denominamos “arte”.
 Siempre ha resultado difícil, y para algunos autores hasta bizantino, pretender una definición abarcadora de “poesía” más allá de todos sus rótulos, porque el germen de destrucción de la función comunicacional que encierra es tal que se duda hasta de su “rol” efectivo…¿qué es ese híbrido de música, filosofía, retórica y plástica? ¿Qué es lo que pretende? ¿Nombrarlo todo acaso? Es que la comunicación humana deviene insuficiente en cuanto sus códigos, porque la amplitud de la percepción y las ideas no cabe en el cauce a veces árido y rígido de un idioma y-por extensión- un lenguaje.
Platón pone en boca de su maestro la definición más feroz del concepto de palabra:«El que piensa que al dejar un arte por escrito (...) deja algo claro y firme por el hecho de estar en letras, rebosa ingenuidad (…) sus vástagos están ante nosotros como si tuvieran vida; pero, si se les pregunta algo, responden con el más altivo de los silencios». Así es como las palabras escritas «necesitan siempre la ayuda del padre, ya que ellas solas no son capaces de defenderse ni de ayudarse a sí mismas»; hace falta siempre, detrás del signo, la presencia de la entidad que enuncia esa significación,  del“logos”, porque, en caso contrario, esas palabras se convierten en elementos carentes de sustancia y de contenido verdadero.
El filósofo griego profundiza en el elemento dual de la palabra como fármaco (pharmacón): que cura y potencialmente envenena; la escritura como plasmación de la memoria y la escritura como construcción de la no-memoria; el valor redentor de la palabra y su significación de muerte; la palabra como evocación de lo perdido, de lo ausente y -a la vez-como construcción de esa ausencia que trata de disolver
Manipular esta dualidad: menuda tarea del poeta. Hacer que la palabra se devore  a sí misma si es preciso. Pero siempre componer en contra de lo denotativo cristalizado, en contra  de la naturaleza dual de la palabra que vence al manipulador, impotente ante la complejidad de su substancia. 
Poe, por nombrar a un clásico “cercano”,  componía en base a un método sujeto al control reflexivo de la razón, lo que no le  impedía el descenso a los submundos de pesadilla que hacen a nuestras íntimas obsesiones. Con esto quiero ejemplificar que los elementos formales, que cualquier teórico enumerará  gustoso, son sólo un aspecto en la conformación  o el andamiaje de la poesía  aunque no el esencial. La esencia de la poesía pasa por la SUBVERSION DEL LENGUAJE.
Históricamente, si correspondiera analizar bajo esas luces el objeto de nuestra reflexión, la aventura de la poesía, el camino recorrido que significó el paso temporal por  Rimbaud, Baudelaire, Mallarme, o T.S. Eliot, ha desembocado de una manera significativamente insistente en ese territorio de deslinde profundo en que nos queda el lenguaje como escollo a sortear o a convertir en reflexivo territorio de acciones marcadamente propias. Territorio que convive con el texto, pero que de alguna manera “no es” el texto. Siempre el metalenguaje. Siempre el retrato del artista delineado a través y hasta “en contra”del texto.
La denotación y su barrera al sentido cede ante la potencialidad poética, este caos creado dentro de un sistema de signos se emparenta –obviamente-con la crítica a Saussure de los posmodernos, pero va más allá de lo lingüístico…más bien  asume la entidad propia de arte, lo que torna, a esa potencialidad poética, a veces peligrosa, a veces marginal: puesto que no “sirve” a determinados patrones de interrelación contemporáneos aceptados como masivos.
Hemos hablado del poeta y del texto. Falta hablar, para cerrar esta vertiginosa ecuación de equilibristas, del tercer componente de la misma: el lector.
Es la función receptiva del lector el campo donde se libra la gran batalla. Puesto que el gran hacedor y descubridor de significaciones ocultas es él. La lectura, que duda cabe, es la gran ceremonia que une el inconsciente más profundo del autor con la recreación  más lejana y más inefable del texto en una larga cadena de mutuos descubrimientos que anulan, me atrevo a decir, toda linealidad, la humorada literario-filosófica de un imposible Berkeley influenciado por Borges….
Todo es posible en las zonas oscuras del lenguaje. Obtener formas de ese caos es la labor y el desafío del que transmite un código a través de la letra. Plantear que en esa zona oscura habita la poesía puede sonar subjetivo en demasía, pero no puede negarse que el lenguaje pide por nuevas fronteras cada vez que nos boceta lo innombrable: trasponer esas fronteras y lograr comunicarlo se llama, al menos, literatura.

martes, 1 de septiembre de 2015


ADICCIONES – ALCOHOLISMO

                       “…Nunca te olvides, las palabras que yo digo 
                                                           significan lo que yo les ordeno que signifiquen 
¿Y si no te obedecen?
                                          - Cuando regresan, no les permito
                                                                                             que entren a mi casa.” -  Lewis Carrol


“Un hombre que paga un alto precio por ser Dios por un rato, despierta a otra existencia, una inocencia siempre culpable en lo social” 

Frente al desconocimiento, todas las acciones de prevención o cura, estimulan la rebeldía y el consumo tiende a aumentar. Cualquier tratamiento destinado a abandonar el consumo, va al fracaso. Todos los llamados especialistas desconocen la causa del consumo. No hay una idea clara de los procesos inconscientes de la mente humana.

“La psiquis del hombre es extensa”.

Una de las funciones más importantes del tratamiento psicoanalítico es la de liberar a las personas de la personalidad que fue creada por condicionamiento. El hombre tiene un ser que debe hacerse a sí mismo. Falta mucho como para que los hombres piensen sobre la esencia del obrar en forma suficientemente decidida.

“Para pelear con algo hay que conocerlo”.

La sociedad tiene una representación mental, una especie de ordenador que yerra, por lo tanto, sepámoslo, en la posición del saber están todos los ignorantes, un peligro que recae sobre la esencia del hombre. Al psicoanálisis, sólo le interesa mostrarle a un hombre lo que padece por querer ser lo que no es. Venir al encuentro de sí mismo, donde puede ver el fenómeno originario del futuro, que nada tiene que ver con un ahora que sucede más tarde, sino que caracteriza aquel medio en que es posible anticiparse a sí mismo.
Sabemos que vivir es siempre una pasión contra uno mismo, por lo tanto en estos casos habrá que detenerse, interrumpirse a sí mismo y a sus actos, sentimientos, pensamientos, etc.etc. volver a armar, usar las propias verdades que seguramente hasta el momento donde el paciente consulta (ya sea porque decidió o porque decidieron, son desconocidas.

Empezar de nuevo es casi una tarea diaria para cualquier adicto, se trate de la vida o de la muerte. 

Cuando el alcohol se tornó en su enfermedad, se transformó en un ser desesperado, aislado, desconocido hasta para él mismo. Detenerse, interrumpirse, es algo así como descansar, y esto querrá decir, quedarse quieto, evitar placeres pasajeros. Aceptar lo que no me satisface para ser amado por quienes jamás amaré, no alcanzará seguramente mi bienestar, si fuese posible en esta tierra. Este descansar será desandar el camino recorrido, donde la angustia de a poco fue siendo soberana. Freud define a la droga como "quitapenas", es común escuchar a un alcóholico usar del trago como una manera de no pensar, de olvidar, de no ser el que no puede soportar por la falta de placer y la imposibilidad de realización que lo destroza, el vaso de alcohol, cambia su estado en el mismo momento que lo pide. Los hombres saben que con ese “quitapenas” siempre podrán escapar al peso de la realidad, refugiándose en un mundo propio que ofrezca mejores condiciones para su sensibilidad. También sabemos, que es precisamente esta cualidad del alcohol, la que entraña su peligro y su nocividad. El alcohol facilitará escapar al dolor, a los sufrimientos, o a la angustia que impone el vivir, sostenida la ilusión con anestesia.
Desde el Renacimiento hasta la actualidad la literatura universal nos ha brindado muchas versiones del tema del individuo que pacta con el diablo y arriesga su alma empujada por la sed del saber. Fue el genio del poeta alemán Goethe, con “Fausto”, que dio el más hondo significado al tema que estamos tratando. Así Fausto escapa de las manos de Mefistófeles definitivamente para ascender bienaventurado al cielo en la escena final.

Dice Goethe: “Cuando el hombre no es conocido, ni puede ser pensado por el laberinto de su entraña, vaga durante la noche”.

Lic. Lucía Serrano – Psicoanalista

Consultar a los TE. 4-749-6127 – 15-5040-2292 consultorios Tigre y Cap.Fed.-Bs.As.Argentina

martes, 18 de agosto de 2015

Diálogo con mi Otro

-- El Lenguaje es el camino y la Poesía el atajo.
-- ¿ Te parece que es así ?
-- Seguro. Pero, ¡atención! en el atajo nos encontramos con lo inesperado del sendero. Todo pedrusco tosco.
-- ¡Furtivo risco! Te agrego que el poema-travesía requiere de un esfuerzo descomunal para poder levantar el velo del horizonte.
-- Velo... velo... rugoso acre. Nos obliga a revisitar todo de nuevo. Engendrar cordeles.
-- ¡ Reeducarnos ?
-- Si. Se espera siempre que la poesía desenvuelva aquello diferente que no está a la vista de lo que seduce la acción de los hombres.
-- ¿ De qué materia está hecha la seducción de los hombres ?
-- Se hace muy difícil percibirla. Seguramente, en una anómala época de improbidades, lo único que pueda salvarnos es abrir caminos con la poesía.
-- ¿ Volveremos a la senda de Homero ?
-- ¿¡... !?
.
.
.
Toda poesía oculta algo... porque rompe con las convenciones y etiquetas establecidas.
Por eso, de lo que se trata es de no hacer una lectura fugaz de ella.

EL CUERPO




"A los despreciadores del cuerpo quiero decirles mi palabra. No deben aprender ni enseñar otras doctrinas, sino tan solo decir adiós a su propio cuerpo -y así enmudecer. "Cuerpo soy yo y alma" -así hablaba el niño. ¿Y por qué no hablar como los niños?
Pero el despierto, el sapiente, dice: cuerpo soy yo íntegramente, y ninguna otra cosa; y alma es sólo una palabra para designar algo en el cuerpo. El cuerpo es una gran razón, una pluralidad dotada de un único sentido, una guerra y una paz, un rebaño y un pastor.
Instrumento de tu cuerpo es también tu pequeña razón, hermano mío, a la que llamas "espíritu", un pequeño instrumento y un pequeño juguete de tu gran razón.
Dices "yo" y estás orgulloso de esa palabra. Pero esa cosa más grande aún, en la que tú no quieres creer, tu cuerpo y su gran razón: esa no dice yo, pero hace yo.
Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, se encuentra un soberano poderoso, un sabio desconocido (llámese sí-mismo). En tu cuerpo habita, es tu cuerpo.
Hay más razón en tu cuerpo en tu mejor sabiduría.
El cuerpo creador se creó para sí el espíritu como una mano de su voluntad.

Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra

jueves, 6 de agosto de 2015

Yorgos Seferis, Botella en el mar




Tres rocas unos pocos pinos quemados y una ermita y más arriba
el mismo paisaje copiado recomienza;
tres rocas en forma de pórtico, herrumbrosas
unos pocos pinos quemados, negros y amarillos
y una casita cuadrada sepultada en la cal;
y más arriba todavía muchas veces
el mismo paisaje recomienza escalonado
hasta el horizonte hasta el cielo en ocaso.
Aquí anclamos el barco para reparar los remos quebrados,
para tomar agua y dormir.
El mar que nos amargaba es profundo e inescrutable
y despliega una serenidad infinita.
Aquí entre los guijarros hallamos una moneda
y la jugamos a los dados.
La ganó el menor y desapareció. 
Nos volvimos a embarcar con nuestros remos quebrados.
  

Yorgos Seferis (Esmirna, 1900- Atenas, 1971)