domingo, 6 de noviembre de 2016

LA TRAMPA DEL LENGUAJE
En esta habitación, las voces
se esconden detrás de las palabras.
El deseo es un rompecabezas
que tiene mil figuras cómplices.
Sueños y mentiras son la trampa,
y el lenguaje como Lancelot,
ocupa el trono del reino
por fuera de la escena.
La princesa permanece abierta
a la pradera verde del sentido,
y el rey no soporta amar a sus amores.
Acostumbrado a ser amado,
pierde su jerarquía en un desvío.
La espada ya es de Lancelot.
El que no cambie, morirá igual a sí mismo,
una desventaja inapropiada,
lógica del sinsentido.
LUCIA SERRANO

viernes, 7 de octubre de 2016

PSICOANÁLISIS Y POESÍA – OCTUBRE 2016
        EL BENEFICIO SECUNDARIO DE LA ENFERMEDAD
                                        “Vivir es siempre una pasión contra uno mismo”
Cuando una persona se encuentra aquejada de un malestar, sea éste físico, psíquico o de otra índole, lo habitual es que se dirija a un profesional de la salud. El que consulta relata el síntoma: displacer dolor, una preocupación, algo que en él no está bien y que no se sabe a que se debe, o si lo sabe no sabe controlarlo, no conoce la manera de resolverlo.
En la mayoría de los casos estos trastornos pasan desapercibidos, inadvertidos o no se tratan correctamente lo cual condena al paciente, en el mejor de los casos, a alivios pasajeros, a la repetición del síntoma en el tiempo y, en general, a la cronificación de las dificultades, a veces hasta con resignación, sin que los problemas sean verdaderamente resueltos. Desde el psicoanálisis sabemos que las cuestiones aparecen implicadas, de una u otra manera, en más de sesenta por ciento de los motivos de consulta.
Por un lado afectando en el campo del psiquismo a través de las emociones, angustia, fobias y, por otro lado indirectamente, haciendo síntomas en el cuerpo: palpitaciones, infarto, asma, úlcera o dificultades en la vida de relación: problemas laborales, familiares, etc..
Estos síntomas nos dicen de los efectos que las distintas psicopatologías pueden producir sin que la persona aquejada sea consciente de ellas, aunque sí lo sea a través de sus síntomas visibles. Por ello dado el modo singular de expresión de la vida psíquica, cuando aparece un malestar repetido, sea éste atribuible a cusas físicas, psíquicas o de relación, esta indicado realizar una consulta con un psicoanalista para establecer hasta qué punto el psiquismo está implicado en ese malestar.
Por medio de una conversación cualificada y sabiendo escuchar el relato que trae el paciente, se va develando el sentido del síntoma, las claves, las tramas de relaciones conscientes e inconscientes que han llevado la vida del paciente a esa posición de sufrimiento.
Hay que entender que en torno a esto existe el llamado "beneficio secundario" de la enfermedad, es decir, esa serie de privilegios que por padecer tenemos y que, muchas veces, hace que deseemos-inconscientemente-continuar enfermos para no perder esos privilegios.  Hay casos donde se da mas valor a estos privilegios que a la misma enfermedad. Es la técnica de atención psicoanalítica que facilita un acceso al mundo inconsciente, con una solución del enigma y su aceptación por el paciente, los estados patológicos quedan incapacitados para subsistir.
Y aquí es interesante destacar que no existe el autoanálisis, pues nadie se puede psicoanalizar por sí mismo, ni tampoco hablando con cualquiera, porque se trata de operar sobre procesos inconscientes que, justamente, por ser inconscientes y ajenos a la voluntad, no son accesibles para la misma persona, ni tampoco para quienes no poseen una formación psicoanalítica, un conocimiento fundamentado de la vida psíquica.
LIC. LUCIA C. SERRANO – PSICOANALISTA
Pedir Turno: 15-5040-2292 – 4-749-6127

(consultorio en Tigre y en Cap.Fed.- Bs.As.- Argentina)

viernes, 23 de septiembre de 2016

SEGUIRÉ BUSCANDO

Esta noche
no saldrá la luna
y no tendrá
mi sangre
violentos desafíos
de un hombre desvariado.

Hoy,
         seguiré

                      buscando.

Lucía Serrano

ALCOHOLISMO

La experiencia del psicoanálisis con estos pacientes, nos ha demostrado que si el paciente acepta que es una persona con problemas psíquicos y que por lo tanto debe tratar su mente, la solución de su problema se vuelve palpable.          Es necesario que sepa que si madura psicológicamente, irá tomando las riendas de su vida y dejando atrás la situación que antes lo manejaba a él.      El adicto no es un inmoral, ni está condenado por sus abusos sociales, amorosos o familiares, a no curarse. El consultante desde la posición de condenado espera encontrar en el especialista un milagro. Primer error, el especialista no es Dios, el segundo error es la creencia en el especialista de que podría hacer más.
La vivencia de incompletud  pone en marcha una estrategia restitutiva tendiente a recuperar un estado ideal perdido.                                                  El alcohol parece investir un deseo obturando “una ausencia”, que en la fascinación que él mismo despierta, restituye en el propio cuerpo su presencia. Encuentran un lugar fallido en la búsqueda engañosa de lo paradisíaco y de la satisfacción narcisista y total del deseo, como evitación de angustia, el displacer y la indefensión.
El alcohol es la tendencia a la reducción total de las tensiones. A través de él, creen alcanzar un mayor acceso al goce. Lo erógeno no halla su lugar, los caminos preliminares se pierden por diferentes derroteros. El alcoholismo está afectado por el mismo régimen que la melancolía. Al considerarlo una enfermedad y poner el énfasis en el objeto droga, se niega el carácter sintomático, significante, de toda adicción.
El ideal del yo se confunde con el yo después de haber ejercido sobre él un riguroso dominio, lo que produce un sentimiento de triunfo y satisfacción no perturbado por crítica alguna, se siente libre de toda inhibición y al abrigo de todo reproche o remordimiento. Tanto en la manía como en la intoxicación alcohólica hay un ahorro de energía de represión, que queda disponible para cualquier actividad y una elevación del estado de ánimo.
 El alcohólico como cualquier adicto, consigue que lo que le falte sea un objeto consistente, en el síndrome de abstinencia. La idea de un masoquismo irreductible a un retorno al sadismo en contra del propio sujeto, sólo fue admitida una vez establecida la hipótesis de la pulsión de muerte. El objeto propio del deseo es siempre masoquista.
El efecto perjudicial del consumo se manifiesta de forma estable. Se observa por el modo repetido en que los efectos del consumo aparecen, una y otra vez en el sujeto, tanto en sus emociones, como en sus conductas visibles o en funcionamiento de su personalidad, incluso en sus relaciones sociales y laborales.
Freud dirá que la repetición es el “más allá del principio del placer”, tendencia ésta que nunca logra su objetivo. ¿Porqué si sufre repite? Todo displacer es un placer que no puede ser reconocido como tal. Sacarles el sufrimiento es dejarlos vacíos, por eso los pacientes no quieren curarse. La repetición es la manera de formular lo informulable de la pulsión de muerte. Una pulsión sería un esfuerzo inherente a lo orgánico vivo de reproducir un estado anterior que lo vivo debió resignar, bajo el influjo de fuerzas perturbadoras externas.
Se trata entonces, de un retorno ocasionado por la falta de goce. Pero si no hay otra manera de retornar más que por los carriles que traza el significante, a lo que se retorna no es al goce, sino a su pérdida. Así la repetición está fundada sobre un retorno al goce, y se produce en esto algo que es defecto, fracaso.
Lo único que puede ser rectificable en un análisis es el goce, pues el fin de la pulsión es siempre la satisfacción, el goce. Pero es diferente el goce siempre inconsciente e imposible, que el goce del síntoma. Es diferente el goce del retorno de lo inconsciente, es decir el goce de la repetición, que el goce del retorno de lo reprimido.   
De lo que se trata en psicoanálisis, es de la realización del sujeto de su historia en relación con su futuro. Se trata de alcanzar la verdad del sujeto.
“La droga no crea nada, ni monstruos, ni genios, ella se ocupa de destruir, también lo que no existe”

LIC. LUCIA C. SERRANO – PSICOANALISTA

martes, 9 de agosto de 2016

ADICCIONES – DROGODEPENDENCIAS

El de las drogodependencias es un campo de investigación. Síntoma de nuestros tiempos, ante la primer mirada, semeja un conglomerado en el que cabe lo socio-económico-político, lo médico psicoanalítico, lo psicoterapéutico, lo preventivo, lo cultural, lo psicológico, es por ello una de las patologías propicias a la articulación de prácticas.
Trataré de mostrar la fundamental importancia de la práctica psicoanalítica.
Las conversaciones que generan los grupos de “Alcohólicos Anónimos” son todas en su contra: La sociedad, la cultura en general es culpable ya que el adicto ha sido visto como un condenado. Por ej.:: Van a las reuniones de de alcohólicos como si fuesen a misa y faltar les ocasiona una gran culpa, peor que cuando se drogaban.
Toda adicción lleva consigo un interrogatorio al padre, un permanente diálogo con la ley, pero no me estoy refiriendo tan sólo a un padre o sustituto desafiado en la realidad, sino a aquella instancia que en el orden de la intersubjetividad viene a instaurar una diferencia entre el deseo y el objeto de la satisfacción, demanda de la ley, tiende a confirmar o a desconfirmar su existencia. Para comprobar su alcance y eficacia, requiere del límite  para situarse más allá de él. Esta crisis de autoridad, es lo que todo adicto quiere confirmar en la relación transferencial con el analista.
El deseo inconsciente de reparar la falta de pene de la madre se denomina “deseo de la madre”, por oposición el mandato que impone la diferencia sexual y prohíbe el incesto se denomina “ley”.
El sujeto adicto vive la cuestión del “deseo de la madre” como una culpa original y obligación a repararla, intenta mediante el acto de la droga, consumar el deseo incestuoso, pero como existe la ley que lo prohíbe, el resultado es ser culpable. Al oponerse a la ley, el sujeto compulsivo se enfrenta al principio de realidad embanderado en el placer y la libertad sin límites, choca con la realidad, ciego a las diferencias.
El paciente adicto ingresa a un ámbito que lo condena a ser lo que es y olvidarse que su vida puede continuar por ese camino, él es culpable de no poder ponerle un límite y debe aceptar como un corderito.
Por otro lado,  si se piensa en el alcohol, aún en el caso que deje para siempre la bebida será considerado un alcohólico. Es decir, no promete el ingreso a los “alcohólicos anónimos” curar su enfermedad, sino que para siempre será un adicto. Tendrá que abandonar a sus amigos anteriores con los que realizaba esas aventuras que lo perjudicaban. Entrar a un bar, es como tener una maldición y ni que pensar la famosa “noche”, donde todos los adictos se emborrachan, él mientras intente curarse, tendrá que huir.
Así termina pensando de sus compañeros anteriores como antes se pensaba de él en los círculos a los que él no pertenecerá jamás.
En la actualidad la situación de ingreso, a una institución que tratará a la droga como el factor que determina su angustia, frustración, éxito o incluso felicidad, está justificada por los problemas sociales que se generan alrededor del paciente
Este sentimiento de “condenado y fuente de todo mal”, está difundido hasta tal punto que al mismo paciente cuando llega a consulta, tenemos que convencerlo de que la droga no tiene ese poder omnipotente que él le ha otorgado sobre su vida, llevándola hacia el caos.

Es necesario convencerle, de que también existe una mente y una personalidad en él, donde tiene que dar lucha. (continuamos la próxima)

jueves, 2 de junio de 2016

PSICOANÁLISIS Y POESÍA – JUNIO 2016-

EL ORDEN DEL LENGUAJE

                                                   “la interpretación analítica llega mucho más  
                                                     lejos que la palabra” Jacques Lacan  
                            
Es un hecho que la Humanidad entera admite, que hay un antes y un después de Freud, sin que resulte sencillo precisar en que consiste ese corte que nombramos con su nombre, determinar su sentido, su verdadera dimensión.  El descubrimiento freudiano, se halla referido a una irrupción que, efectuada de una vez para siempre, se presenta sin embargo en el punto de su concreción, en estado de inminente realización, como capaz de desdibujarse en el instante mismo en que se efectiviza.
Tal la luminosa fugacidad del inconsciente, su tiempo luciérnaga, el que explica buena parte de su magia y su sorpresa: una verdad que se ilumina en el momento de desaparecer, una marca de agua entre el tropiezo y la vacilación, la estela fugitiva de una aparición cuyos rastros se desvanecen una y otra vez.
Prometidas al olvido, las formaciones del inconsciente se esfuman de improviso con la misma rapidez con que ven la luz.
Imprevisible el inconsciente freudiano juega con palabras, escribe con imágenes y exhibe una memoria más potente que la de un ordenador, respondiendo antes que surja una pregunta y preguntando lo que nadie sabría responder, para apremiarnos en los confines de lo que ignoramos y empujarnos más allá de lo que querríamos saber.
El inconsciente palpita en un incesante movimiento de apertura y cierre, dejando entrever un invisible sedimento que, ajeno al tiempo y al espacio, por fuera de cualquier lugar, reúne, dispares, las huellas de palabras oídas e imágenes vistas, escenas fantaseadas o imaginadas que se enlazan y articulan en la forma de un saber que determina al sujeto.
Pensamientos impensados, pensamientos sin pensador, pensamientos que se imponen a la voluntad de la vida con el rigor de un destino.El psicoanálisis constata en su clínica la maldición del lenguaje.
Después de Freud, sabemos que la palabra altera al cuerpo, lo marca, lo enajena. Doble movimiento de pérdida inevitable y reemplazo inadecuado por el que lo necesario que guiaría al instinto de preservación de la vida, cede su lugar a la repetición de un encuentro contingente que lo mortifica: allí donde el eco del decir alcanza al cuerpo, se circunscribe una satisfacción sin utilidad que, cuando no se subordina a la homeostasis que regula al organismo, pone en evidencia un placer cuyo estatuto exige reformular su principio, hasta incluir en él, un paradójico placer de lo displacentero.
Freud lo encuentra en el síntoma, esa doble forma universal y singular de malestar que agobia al hombre en la cultura, poniendo de relieve un régimen particularísimo de la sexualidad.
El orden del lenguaje hace estallar su cauce, apartándola de cualquier finalidad reproductiva. Exiliada de las vías sensoriales por las que la imagen orienta el comportamiento en el mundo animal, la sexualidad del ser hablante se revela polimorfa, fragmentada, dispersa, condicionada por el accidente y el tropiezo. El inconsciente se revela así efecto del extraño trastorno que afecta al hablante, testimoniando de la falta de inscripción de la proporción sexual en el cuerpo, es decir, la ausencia de un conocimiento predeterminado del objeto adecuado a su realización, como de la acción consumatoria que le convendría.
Se verifica así, la singularidad de una sexualidad no escrita, fuera de lugar, nunca enteramente allí donde se la espera encontrar.
Después de Freud, la conciencia no se superpone al sujeto, ni lo agota, y éste deviene responsable, más allá de aquella, de sus producciones insabidas. El soñante debe, entonces, responder por el contenido de sus sueños, el que habla por sus lapsus, el ingenioso por su chiste, el neurótico por su síntoma y el sufriente deviene cómplice y partícipe necesario de las desdichas que lo aquejan. Después de Freud, el ser que habla puede saber que ignora lo que dice, porque al hablar dice más de lo que sabe, y que allí donde cree comunicarse, habla por hablar
LIC. LUCIA C. SERRANO – PSICOANALISTA
Pedir Turno: 15-5040-2292 – 4-749-6127

(consultorio en Tigre y en Cap.Fed.- Bs.As.- Argentina)

miércoles, 25 de mayo de 2016

RAÚL GUSTAVO AGUIRRE


TRANSFORMACIONES

Desde niño sufrí 
la tiranía de los otros.
Fui dócil, aprendí,
y como un mono o un bufón
entretuve a los nobles con mis prodigios en el piano.
Compuse con talento
según el gusto de mi época
y fui aplaudido. Pero
cierta vez un acorde
me trastornó con su misterio:
supe que el alma es infinita,
que la orfandad es infinita
y me interné por los caminos
que las arduas tinieblas
abrían ante mí.
Los míos no entendieron.
Me encontraron oscuro,
rebelde, sospechoso.
Mi padre se alarmó.
Mi mujer se ofendió.
Los archiduques me olvidaron.
Pero yo seguí solo
y me di la razón.
Fui venturoso, fui desventurado.
Canté mis melodías con los ángeles
y con los comediantes de la legua.
Después, una mañana
frígida de diciembre
me morí.
Y ahora soy
la música de Mozart.